Guerrero
Historia

RESEÑA HISTÓRICA

Antecedentes Prehispánicos

El territorio que ocupa actualmente la entidad estuvo habitado por grupos nómadas, que recorrerían las distintas regiones en busca de alimento y refugio, hace más de 20 mil años. Los vestigios más antiguos que se han localizado datan aproximadamente 22 mil años antes de nuestra era y son los restos humanos hallados cerca de los límites de los estados de Guerrero y Morelos, en el lugar conocido como la Cueva Encantada.

Otros vestigios un poco más recientes, corresponden al siglo XV antes de nuestra era, se han localizado en la sierra del norte, los valles centrales y en la montaña y son testimonio de la vida diaria de los seres humanos de aquellos tiempos: puntas de flecha, navajas, hachas, huesos tallados, dibujos en las paredes de las cuevas, etc.  Estos recolectores y cazadores, a través del tiempo, fueron alcanzando un mayor grado de desarrollo cultural y una concepción del mundo y de la vida que transformó radicalmente su organización política y social, hasta el descubrimiento de la agricultura, que permitió el paso a la sedentarización.

Hace aproximadamente 8 mil años, los recursos físicos  y naturales del territorio estatal permitieron mejores condiciones de vida y desarrollo material.  Entre los años de 7000 y 5000 antes de nuestra era, se empezaron a establecer algunas aldeas en los márgenes de los ríos, o a orillas de los lagos y se desarrollaron las técnicas del tejido, la cerámica, la cestería y se perfeccionaron los instrumentos de trabajo.

Con el paso del tiempo, el teocintle, grano antecesor del maíz y el xoloitzcuintle o perro desnudo, que abundaban en algunas partes de la entidad, fueron convirtiéndose en la base de la alimentación de estos grupos y aportando  nutrientes de mayor calidad  que influyeron en su desarrollo físico y cultural.  De esta forma, la organización familiar se transformó en organización tribal y se dieron las primeras formas de división del trabajo.

La religión jugó un papel importante, como aliciente espiritual y como medio para la explicación de numerosos fenómenos naturales. Con base en una interpretación mágica. El establecimiento de aldeas fijas es un indicador importante de los cambios sufridos por los grupos humanos al sedentarizarse, y uno de los asentamientos de este tipo más remoto de los que se han localizado en el país, corresponde al hallado en Puerto Marqués, cerca de Acapulco, en donde se han encontrado objetos de cerámica con una antigüedad de aproximadamente cinco mil años.

En el actual territorio estatal, los antiguos habitantes alcanzaron un progreso notable, aunque su identidad es causa de polémica.  Para algunos autores los mismos olmecas que formaron la región del Golfo de México y crearon las primeras castas culturales de nuestro país, habitaron también algunas regiones de la entidad, lo que fundamentan en la existencia de una gran cantidad de vestigios diseminados en parte de su territorio y afirman que después de seis siglos de florecimiento su cultura desapareció  al mezclarse con otros grupos y perdieron su predominio e identidad.

Para otros autores la cultura olmeca dejo sentir su influencia sobre los grupos locales después de que éstos alcanzaron un desarrollo cultural y material propio.  Algunos coinciden en reconocer la importancia que alcanzó la cultura mezcala, la cual tuvo un  asiento en los márgenes del río del mismo nombre (también conocido como Balsas) y se difundió hacia la costa del Pacífico, la Tierra Caliente, las sierras de norte y las centro y Sudamérica, a través del comercio. Sin embargo, los primeros atribuyen su origen a la herencia directa de la cultura olmeca y su conexión con otras culturas, mientras los segundos le atribuyen influencia olmeca, posterior a su surgimiento.

De cualquier manera, la cultura mezcala desarrolló un estilo propio y original en la escultura y la cerámica, que se caracteriza por su sencillez, como se aprecia en los trabajos de jadeita, jade, riolita, serpentina, basalto y pedernal, que representan figuras y rostros humanos, animales y viviendas.

La influencia olmeca es inobjetable, tanto como por su cosmovisión del mundo, como por la característica del hombre jaguar. Otro rasgo esencial de la influencia olmeca fue el agrupamiento de las aldeas dispersas, la construcción de templos ceremoniales y el establecimiento de una organización política, cultural y religiosa, administrada por sacerdotes que fueron  asumiendo funciones de gobierno. Mas adelante, la cultura mezcala asimiló e incorporó a su estilo el modelo cultural teotihuacano en su cerámica, integró en algunos lugares el juego de pelota que tenía un carácter ritual, e incorporó sus elementos característicos a la escultura en piedra.  A principio de nuestra era el desarrollo alcanzado por los pueblos que habitaban el centro y el sureste de México les permitió establecer relaciones comerciales con los pueblos distantes.

De esta manera arribaron al actual territorio estatal, como lo habían hecho los teotihuacanos, los purépechas, mixtecos, mayas y zapotecos, quienes crearon retos comerciales terrestres, fluviales y marítimos, que ya en el siglo VII hicieron posible un intercambio cultural intenso y aportaron nuevos elementos a los pueblos de la cultura mezcala. Incluso han sido localizadas paletas de piedra para moler pigmentos, que parecen estar influidos por el estilo de la cultura honokam, del sur de los Estados Unidos de América.

En el siglo VIII, otro grupo llegó a enriquecer el mosaico cultural de la entidad, eran los toltecas, herederos de la cultura teotihuacana, que tuvieron por las sierras del norte la principal puerta de entrada a su ruta comercial. Su aportación fundamental fue difundir las técnicas de aleación, fundido y trabajo de minerales metálicos, especialmente en Tierra Caliente y en la Costa Grande. Los artesanos toltecas utilizaron las resinas y los vistosos plumajes de las aves selváticas, para la elaboración del arte plumario y difundieron también el uso del papel amate. Hacia la segunda mitad del siglo XII de nuestra era, el imperio tolteca decayó y los pueblos influidos por su cultura fueron dominados por los chichimecas, que posteriormente integraron el imperio Mexica.

Para el siglo XIV, se encontraban ya asentados en el territorio de la entidad, diversos pueblos con sus características culturales propias, conviviendo algunos de manera pacífica y otros en constantes conflictos bélicos. Entre los más importantes estaban los purépechas, cuitlatecas, ocuitecas y matlatzincas, en la Tierra Caliente; los chontales, mazatlecos y tlahuicas en la sierra del Norte; los coixcas y tepoztecos en los valles Centrales; los tlapanecos y los mixtecos en la Montaña; los jopis, mixtecos y amuzgos en la Costa Chica y los tolimecas, chubias, pantecas y cuitlecas en la Costa Grande.

Generalmente cada pueblo era regido por un señor o consejo de principales; figuraban además los sacerdotes, quienes organizaban y dirigían los ritos y a los guerreros que se encargaban de defender el territorio del pueblo y sostener el orden dentro de la comunidad. Otro grupo era el de los productores artesanos y agricultores, que estaban en la base de la organización social. Su economía se basaba en la agricultura y se complementaba en ocasiones con el tributo que pagaban otros grupos sometidos, con la explotación de algunos minerales y el comercio.

Otras características de esos pueblos fueros su vestuario de algodón, sus casas eran de bajareque y su religión politeísta, en la que los dioses representaban los elementos naturales y eran denominados según las diferentes lenguas que los grupos guerrerenses desarrollaron para comunicarse.

En el año sé 1414 el gobernante mexica Chimalpopoca, al dirigir sus campañas expansionistas contra los pueblos matlatzincas asentados en los valles de Toluca, incursionó en la parte de Tierra Caliente de Guerrero, pero fue hasta 1433 cuando Itzcóatl, proveniente del actual estado de Morelos, penetró a Guerrero, atacando con sus ejércitos a los cuitlatecos asentados entre los ríos de Teloloapan y Cocula, al norte del río Balsas. Fue así como entraron por primera vez en lo que hoy es el estado de Guerrero, los soldados del naciente imperio del la Triple Alianza.

Para 1438, Itzcóatl ya había denominado a los pueblos de la Región Norte del Estado. Posteriormente en 1440 denominó una parte de la Montaña, muriendo en ese mismo año; lo sucedió Moctezuma Ilhuicamina quien con la finalidad de extender el dominio Mexica, emprendió cinco campañas al sur durante su mandato, que abarco de 1440 a 1452. En su primera campaña reconquistó a los pueblos de la zona norte, que habían revelado que al morir el tlatoani Itzcóatl; en su segunda incursión conquistó una parte de los pueblos de la zona centro; en su tercera campaña tenía dos finalidades: Vengar la muerte de sus embajadores en manos de los coizcas y ampliar su dominio en la zona centro.

Posteriormente inició una cuarta campaña por el sur y con su poderoso ejército conquistó la región de la Montaña, derrotando en esta ocasión a los mixtecos y tlapanecos.

En 1452 Moctezuma realizó una última campaña en este territorio y en su intento por dominar a la región de la Costa Chica, fue derrotado por los indómitos yopis, por lo que el orgulloso emperador regresó a la gran Tenochtitlán decepcionado, siendo esta su peor campaña en tierras surianas.

De 1452 a 1511 el estado de Guerrero siguió siendo escenario de cruentos combates entre los mexicas y los diferentes grupos que habitaban el sur, principalmente los purépechas y los yopis. Durante este tiempo incursionaron en el estado los emperadores mexicas Moctezuma I, Netzahualcoyotzin, Axayácatl, Ahuitzonzin, Moctezuma Xocoyotzin y Tizoc, con el objeto de establecer un pleno dominio  de los pueblos; cabe señalar que  Moctezuma Xocoyotzin, fue el último emperador mexica que emprendió una campaña militar en el sur, antes de la llegada de los españoles.

Durante la conquista y dominación del sur, los mexicas crearon siete provincias de Tepecuacuilco y Taxco dependían los pueblos que formaban la Región Norte y Centro del Estado.  Los pueblos de la montaña estaban sujetos a las provincias de Quiahteopan, Tlapa y Tlalcocauhtitla. De Cihuatlán dependían los pueblos de la hoy Costa Grande y por último, a la provincia de Igualtepec los pueblos que comprendían la región de la Costa Chica.

Para ejercer el control de las provincias, los mexicas establecieron en la región de la zona centro una jurisdicción  militar, la cual tenía dos finalidades: vigilar que los pueblos dominados aportaran su tributo correspondiente y abastecer de pertrechos y alimentos a los guerreros que se encontraban luchando en las zonas de operaciones militares, contra los purépechas en la Tierra Caliente y los yopis en la Costa Chica.

Chihuastlán y Tepecoacuilco eran las principales regiones tributarias, de las cuales obtenían productos agrícolas, animales silvestres, metales preciosos, sal y algodón.  Esto muestra el panorama del dominio mexica en el sur, hasta la llegada de los españoles.

Durante la resistencia mexica, a la conquista española, nació uno de los héroes más destacados de la historia de nuestro país, Cuauhtémoc, último gobernante azteca, hijo de una princesa chontal, originaria de Ixcateopan y de Ahuizotl hijo del gobernante mexica del mismo nombre.

Destruida Tenochtitlán y sometidos los mexicas, el océano Pacífico atrajo la atención de los conquistadores, esencialmente por motivos económicos. Hernán Cortés ordenó en 1519 que se explotara la provincia de Cihuatlán o Zacatula, como la llamaron los conquistadores, para cerciorarse de la existencia del mar del sur y de las riquezas en oro y perlas, la cual estuvo a cargo de Gonzalo de Umbría.

A fines de 1520, el mismo Cortés mandó reconocer la región Taxqueña, con el objeto de localizar metales para fundir piezas de artillería. De esta manera, la penetración armada fue formalizando la conquista del territorio sureño, que no encontró gran resistencia, debido al temor que había despertado la noticia de la caída de Tenochtitlán y por la carencia de medios adecuados para derrotar a los agresores; además la dispersión y poca relación entre los distintos  grupos étnicos impedían la unificación de una sola fuerza.

Algunos grupos se aliaron a los españoles con la esperanza de verse favorecidos; otros, como los amuzgos, optaron por retirarse y ceder sus terrenos. Los yopis, desgastados por el asedio mexica, no pudieron hacer frente solos a los invasores por mucho tiempo.

La Costa Chica y la sierra Tlacotehua se caracterizaron por una densidad demográfica muy reducida; la sierra Cuitlateca fue subestimada por su escaso valor tributario; la Costa Grande estaba habitada por grupos étnicos de hábitos seminómadas; los purépechas en la Tierra Caliente se hallaron también muy debilitados y desgastados, por su forcejeo permanente con los mexicas.

Por todo lo anterior, la conquista y sumisión del territorio fue rápida y completa, incluso en la mayoría de los casos los pueblos enviaron emisarios a visitar a Cortés para informarle de su sumisión voluntaria.

En 1521 Rodrigo de Castañeda penetró y tomó el sector minero de Taxco; Gonzalo de Sandoval dominó la región chontal; la sierra del norte, el valle de Iguala y el centro de Coixcatlalpan. Un año después, el mismo Gonzalo de Sandoval sujetó la Costa Chica donde se fundó el sexto Ayuntamiento de la Nueva España, con cabecera en el poblado de San Luis Acatlán y dominó parte de la montaña.

En 1523 Juan Rodríguez de Villafuerte se apoderó de Cihuatlán y casi toda la Costa Grande; después de destruir el poblado indígena de Zacatula fundó sobre sus ruinas la Villa de la Concepción, donde se instaló poco después el octavo Ayuntamiento de la Nueva España y el primer artillero, en el cual se construyeron dos carabelas y dos bergantines. Por encargo de Cortés construyó  después en Zihuatanejo tres bergantines más y en ese mismo año llegó a Acapulco, al que denominó Villa Fuerte y cuya encomienda logró obtener tiempo después.

Isidro Moreno dominó varios pueblos de la sierra de Tlacotepec y la parte alta de la Costa Grande en la región denominada Atlatomahua. Sin embargo, al finalizar la primera década de la Conquista, los españoles habían reducido violentamente dos rebeliones indígenas, una en Costa Grande en los astilleros de Zacatula, provocada por las vejaciones y la explotación y otra en San Luis Acatlán en la Costa Chica, donde los yopis trataron de recuperar su independencia y destruyeron el pueblo matando a una gran cantidad de españoles.

Antecedentes Coloniales

Durante el proceso de la Conquista, el territorio, los pueblos y los indígenas fueron repartidos en encomiendas entre los soldados españoles, en recompensa por sus servicios prestados a la Corona. De esta manera se conformaron alrededor de 76 encomiendas, cuyo usufructo llegó a beneficiar a 854 titulares, que iniciaron propiamente la explotación de minas, tierras, bosques e indios, bajo la simulación de la evangelización, la protección a los indígenas y la tributación a la corona.

Uno de los primeros encomendados de la región, que tuvo a Tlapa como encomienda, fue Hernán Cortés, quien consideró a los tlapanecos como un pueblo de mayor cultura y desarrollo social con respecto a los demás.

La encomienda implicaba una facultad delgada de gobierno para el encomendero, que de alguna manera fue la primera autoridad política local. Otra modalidad establecida por la Corona para recompensar a sus soldados, fueron las mercedes reales, que consistían en la donación directa de tierras, de tal manera que había españoles dueños de las mismas y otros que sólo utilizaban la fuerza de trabajo indígena para su beneficio.

En el caso de las mercede reales, la explotación de la fuerza de trabajo consistía en una especie de peonaje intermedio entre el tributo personal y el pago por el trabajo. En el caso de la utilización de la fuerza de trabajo indígena, el pago de tributo con trabajo era una especie de servidumbre, a la cual estaban hasta cierto punto acostumbrados los indígenas, por haberse dado en la época anterior a la conquista y porque se consideraban como una forma de sumisión al conquistador.

La evangelización se llevó a cabo principalmente por los frailes agustinos en al zona Centro, la Montaña y Tierra Caliente y por los franciscanos en la zona Norte, la Costa Grande y Acapulco.

Durante la primera mitad del siglo XVI las enfermedades traídas por los españoles, ante las cuales los indígenas no tenían defensas, la terrible explotación y los abusos de los conquistadores, repercutieron en una notoria disminución de la población indígena, principalmente en la Costa Chica y hubo necesidad de traer esclavos negros para suplir la fuerza de trabajo de los indios.

Este fenómeno dio lugar a la formación de los pueblos o repúblicas de indios, que llegaron a sumar 213 en todo el territorio. Estas repúblicas constituían prácticamente un régimen de gobierno municipal, específico para los indígenas, cuya función era administrar los intereses de los pueblos y de los indios que los habitaban y representarlos de manera formal ante las autoridades españolas, tanto de manera judicial, como en la agraria.

Los españoles, cautelosos ante las formas tradicionales y en ocasiones secretas de la organización de los pueblos, tuvieron el cuidado de que fueran los grupos de caciques o de principales quienes resultaran elegidos como gobernantes o tenientes de alcaldes menores, como también se les llamaba. Sin embargo, los intereses corruptos manejados de muchos encomenderos provocaron el efecto contrario al esperado, pues éstos intervenían burdamente para imponer autoridades proclives a ellos, lo que impuso un orden autoritario pero no la paz.

Siguiendo el modelo del gobierno municipal establecido en las alcaldías mayores, que eran las instancias de jerarquía superior de las repúblicas de indios, se integraban por un Concejo de principales conformado por un gobernador de naturales o principal mayor, un alcalde de naturales o tlayacanqui, un mayordomo o mayor, varios diputados o regidores, un escribano y varios alguaciles o topiles, al mando de un tequitlato, quien dirigía el trabajo de los comuneros.

Estas repúblicas contaban además en cada cabecera de alcaldía mayor o partido, como se les llamó después, con un protector de naturales (procurador), designado por el gobierno virreinal, para atender en primera instancia las solicitudes recibidas, reunir la documentación conducente y tramitarla.

También en la Ciudad de México había un apoderado comisario, para tratar asuntos ante el fiscal de la Real Hacienda, encargado de la procuración legal de los indígenas, quien integraba los expedientes y los tramitaba hasta la final resolución del Virrey, o en su defecto, de la Real Audiencia. A esta organización política de indios, que en apariencia les daban autonomía relativa, pero que en realidad los sujetaban más, correspondía una organización económica de la comunidad cuyo patrimonio eran sus tierras.

Con el reconocimiento del orden tradicional indígena, en las repúblicas de indios se arraigó la corrupción; las disputas de tierras y aguas que servían de instrumento a arribistas y vividores mestizos, mulatos y españoles, sirvieron para despojar de su patrimonio a los indios.

Por otro lado, la organización religiosa hispana, suplementó a la indígena y jugó un papel importante para resguardar, hasta donde fue posible, la identidad cultural de los pueblos.

La construcción de los templos fue una empresa que asumieron con entusiasmo todos los miembros de la comunidad indígena, que habían visto destruir las suyas propias.

Las cofradías llegaron a ser expresión de muchas necesidades de la vida cotidiana, de tal manera que la vida social de los pueblos era inimaginable y resultaban incomprensible sin un fondo de religiosidad.

Así transcurrió la vida en el orden político de los antiguos guerrerenses durante la Colonia, hasta. En la segunda mitad del siglo XVIII, se reconoció que las repúblicas de indios eran inoperantes y el deterioro o desgaste de las relaciones sociales de producción, propias de la Colonia, socavaron el orden de éstas hasta hacerlas desaparecer en muchos casos.

El régimen colonial, sin embargo, ideó diversas formas de explotación del indígena, como el cuatequil o repartimiento forzoso, que obligaba a los pueblos a proporcionar tres o cuatro veces al año un número determinado de indígenas para trabajar en minas, haciendas, talleres, obrajes, etcétera, sin recibir ningún pago.

En cuanto a las alcaldías mayores, la de Acapulco fue la que llegó a tener mayor importancia, ya que abarcaba la Costa Chica y parte de la Costa Grande; su alcalde mayor se convirtió a su vez en Gobernador, con el título de Teniente general de las costas del mar del sur. Además de las alcaldías mayores, existían jurisdicciones como Zacualpa, Igualapa y Zirándaro; todas ellas con un Gobernador y alcaldes menores, de las cuales dependían  numerosos pueblos indios. La abundancia de jurisdicciones se mantuvo muchos años y originó complicados problemas de administración.

En la segunda mitad del siglo XVIII el gobierno español decidió transformar la organización política y sustituyó las audiencias por intendencias y las alcaldías por partidos.

El actual territorio estatal se dividió entre tres intendencias y las alcaldías se convirtieron en partidos, de tal forma que el partido de Tlapa pasó a depender de la intendencia de Puebla; los partidos de Chilapa, Taxco, Iguala y Acapulco a la de México y el resto del territorio que comprendía Zacatula, los poblados de Zirándaro, Pungarabato y Cutzamala de Valladolid.

El 4 de diciembre de 1786 se expidió la Real Ordenanza de Independencia que conformó a la Nueva España en 12 intendencias. Con esta fragmentación, el actual estado de Guerrero quedaba comprendido dentro de las intendencias siguientes:

Intendencia de México: con los partidos de la ciudad de los Reyes y Puerto de Acapulco; Tetela del Río y Azuchitlán; Zacualpál, Tabasco e Iguala, Tepecuacuilco y Oapan, Tixtla y el de Chilapa.

Intendencias de Valladolid: con los partidos de Guimeo y Curándaro y el de Zacatula, además el agregado de Cinagua y la Aguacana.

Intendencia de Puebla que comprendía los partidos de Tlapa e Igualapa.

Al conformarse la primera división política de la Nueva España, en el segundo tercio del siglo XVI, se estableció la Real Audiencia y se dividió el territorio de la nueva España en cinco provincias, dentro de las cuales se establecieron corregimientos y alcaldías mayores, que tenían como objeto vigilar el orden de los pueblos y regular las relaciones entre los españoles y las comunidades indígenas.  De esta forma se establecieron en el territorio sureño las alcaldías mayores a Tlapa, Taxco, Iguala, Chilapa, Acapulco y Zacatula, bajo la jurisdicción de la provincia de Puebla la primera, de la de México las cuatro siguientes y la de Valladolid la última.

Siglo XIX

En el siglo XIX, cuando comenzaban a soplar vientos de transformación político social en la Nueva España; los tres largos siglos de coloniaje gestaron un ambiente prerrevolucionario y un profundo sentimiento de liberación en el pueblo suriano, que estalló con el movimiento insurgente y se mantuvo durante toda la centuria haciendo tomar a este pueblo, amante de la libertad, un papel de vanguardia en la formación de la nueva nación, cuyo producto más directo fue la creación de la entidad suriana.

A finales del siglo XVIII, la situación económica, política y social de la Colonia había provocado un gran malestar entre la población; en la región central los indígenas habían presentado enérgicas demandas en defensa de sus tierras al gobierno virreinal y se había creado un ambiente de agitación.

Los criollos y los mestizos veían cada vez con mayor resentimiento la marginación política y social de la que eran objeto por parte de los peninsulares, que a través de la división social de castas se habían perpetuado en el poder político de la Colonia. Además, las ideas liberales de la ilustración francesa introdujeron cambios importantes en España y trastocaron el corazón del sistema colonial, con una serie de reformas que se dejaron sentir fuertemente en la Nueva España.

Los síntomas de rebeldía se reflejaron en diversas conspiraciones realizadas por criollos; la más importante sin duda fue la de Valladolid en 1809, en la cual participó don José María Izazaga, originario de la hacienda del Rosario, en el actual municipio de Coahuayutla. La conspiración fue descubierta, pero en 1810 la nueva conspiración organizada por el cura Miguel Hidalgo logró levantar el primer movimiento armado contra el poder colonialista español. La respuesta en lo que hoy es la entidad guerrerense fue inmediata; en sólo quince días de iniciado el movimiento, se levantaron en armas los primeros insurgentes en Tepecoacuilco, donde ya funcionaba una junta revolucionaria encabezada por Valerio Trujano. A fines de ese año ahí fueron fusilados los primeros insurgentes caídos en el territorio suriano.

En 1811 José María Morelos fue comisionado por Hidalgo, para levantar en armas el sur, consciente de la importancia que tenía para la causa insurgente el puerto de Acapulco. Morelos entró a tierras surianas siguiendo la ruta de la Costa Grande, donde integró inmediatamente un contingente la ayuda de José María Izazaga, de Coahuayutla, los hermanos Galeana de Técpan y Juan N. Álvarez, de Atoyac.

Después de varios intentos, comprendió que no se podía tomar el puerto, dejó tendido un cerco y marchó a los valles centrales, donde se le incorporaron la familia Bravo de Chichihualco, el matrimonio Catan de Chilpancingo y Vicente Guerrero en Tixtla. Después de tomar Chilapa decretó la creación de la providencia de Técpan, como una jurisdicción territorial autónoma en la zona liberada por el ejército insurgente, la cual fue gobernada por un juez territorial o jefe de la provincia, cuyo título recayó en Antonio Galeana, jefe de la familia Galeana; el superior tribunal, encargado de la administración de justicia, la curia náutica, encargada de todos los asuntos relacionados con el movimiento marítimo y la administración fiscal, necesaria para hacer frente a los gastos militares y gubernamentales.

La provincia de Técpan llegó a tener 56,868 kilómetros cuadrados, es decir, el 39 por ciento del actual territorio estatal, de los actuales 75 municipios quedaron comprendidos los territorios actuales de 57, parcialmente los de 11 y no formaban parte los 7 restantes.

Es clara la importancia que tuvo como antecedente la provincia de Técpan en la estructuración de la entidad, 38 años más tarde; a pesar de que el régimen virreinal, lógicamente nunca reconoció y que ésta desapareció en 1817.

El segundo órgano de gobierno independiente, durante la Guerra de Independencia, fue el Congreso de Anáhuac (el primero fue la junta de Zitácuaro), el cual fue convocado por Morelos y realizado en Chilpancingo el 13 de Septiembre de 1813, para lo cual se le dio el título de ciudad con el nombre de Nuestra Señora de la Asunción. Después de nombrar como general del Ejército Insurgente a Morelos, éste dio lectura a los famosos documento conocido como los “Sentimientos de la Nación”, donde se hacen declaraciones generales de gobierno y se proclama solemnemente la total independencia de México. Sin embargo la interrupción de las acciones militares permitió al ejército realista retomar la ofensiva, lo que vino a modificar sustancialmente la correlación de fuerzas y el ejército insurgente sufrió un grave debilitamiento.

Después de la muerte de Morelos, Vicente Guerrero tomó en sus manos la bandera de la insurrección en un periodo de resistencia, en donde la guerrilla permitió mantener vivo el deseo de la libertad e independencia y recobrar la iniciativa militar en varios frentes. Sin embargo llegó un momento de tal equilibrio de fuerzas, que no era posible ampliar más la lucha independentista y Guerrero comprendió que su aislamiento le impedía lograr la libertad total del país.

De la misma manera, el ejército realista, al mando de Agustín de Iturbide, como Comandante general en el sur, ante la imposibilidad de derrotar al ejército insurgente se inclinaba a la negociación.

El 14 de febrero suscribieron el Plan de Iguala, que contenían 24 artículos, entre los que destacan el que señala la Independencia de la Nueva España, el establecimiento de un gobierno monárquico moderado y la formación de un ejército protector denominado de las Tres Garantías.

Una nueva bandera, elaborada por un modesto sastre de Iguala, representó al Ejército Trigarante.

El 17 de octubre, Iturbide ordenó la creación de la Capitanía General del Sur, que formaba parte de un proyecto que estableció cinco regiones militares en el país y nombró al general Vicente Guerrero Mariscal de campo. Ésta que era la quinta Capitanía militar general, incluía las jurisdicciones de los partidos de Chilapa, Tixtla, Ajuchitlán y Técpan, de la provincia de México y las de Jamiltepec y Teposcolula de la de Oaxaca. Oficialmente llevaba el nombre de Capitanía General de Chilapa, sin embargo Vicente Guerrero instaló su cuartel general en Tixtla por su propia seguridad. Esto constituyó un segundo antecedente de la conformación de la entidad.

En 1821, la junta provisional gubernativa dispuso que se debía mantener el sistema creado por la real ordenanza de intendentes de 1786, que dividía el territorio de la Nueva España en 12 intendencias, 3 gobiernos y 2 provincias internas; de tal manera que el actual territorio estatal estaba dividido entre las intendencias de México, Puebla, Michoacán y Oaxaca.

Posteriormente, a la caída de la monarquía y establecimiento de la primera república, el actual territorio estatal volvió a quedar dividido en varias jurisdicciones.

La Constitución federalista de 1824 declaró que las partes integrantes de la nación mexicana “son estados libres, soberanos e independientes” por lo que se integraron 25 estados. El territorio estatal, quedó repartido entre los estados de Michoacán, Oaxaca y Puebla y principalmente el de México.

La integración de la entidad guerrerense no fue fácil, en 1823 el general Nicolás Bravo y el general Vicente Guerrero gestionaron ante el segundo Congreso Constituyente la creación del Estado del Sur, con jurisdicción idéntica a la antigua Capitanía General del Sur, pero no lo lograron. Sin embargo el gobierno Federal estableció la división de operaciones en el sur, con cuartel general en Chilpancingo, al mando del general Nicolás Bravo; esta corporación absorbió las facultades de las comandancias militares generales y de las autoridades políticas y administrativas de los estados de México, Michoacán y Puebla en aproximadamente el ámbito del actual Estado de Guerrero, tomando entonces la denominación de División Militar del Sur. En este periodo los jefes militares surianos jugaron un destacado papel en la conformación de la nueva nación y Vicente Guerrero fue designado Presidente de la Republica en el año de 1824.

En la primera mitad del siglo XIX el país adquirió una gran experiencia en el autogobierno y comenzó a sacudirse las estructuras heredadas del régimen colonial; en este proceso surgieron dos grandes proyectos de nación representados por dos partidos: El liberal y el conservador, que dividieron a los jefes surianos: por un lado Vicente Guerrero y Juan Álvarez defendieron la causa liberal y el Federalismo y por otro Nicolás Bravo la causa conservadora y el Centralismo.

En 1830 los liberales se alzaron en armas contra el gobierno centralista de Anastasio Bustamante, que encargo a Nicolás Bravo y Juan Gabriel Armijo sofocar la rebelión, pero fueron derrotados. En 1831 Vicente Guerrero fue traicionado y llevado a Oaxaca donde fue asesinado: quedando Juan Álvarez al frente de la causa liberal en el sur.

En 1836, fortalecido el proyecto centralista en el país, se estableció la división territorial provisional centralista; situación que aprovecho Nicolás Bravo para proponer la creación del Departamento del Sur, con capital en Chilpancingo. El dictamen fue favorable, pero el centralismo propiciaba la fusión de circunscripciones y no su fraccionamiento. El proyecto de Bravo consideraba las prefecturas de Acapulco, Chilapa, Tlapa y Taxco, así como las subprefecturas de Huetamo y el distrito de Cuernavaca para la creación del nuevo departamento.

En 1841, en Chilpancingo, se integró una junta de 42 pueblos surianos también conocidos como amigos del sur, con la intención de acelerar el proceso legal de la creación del Departamento de Acapulco, pero al oponerse Santa Anna, el Congreso Nacional rechazó la propuesta.

Por otro lado, a petición de Florencio Villarreal, en 1841 Santa Anna aprobó la creación del municipio de Tecoanapa, considerando que esto mermaría el poder político militar de Juan Álvarez. Al año siguiente se erigió legalmente la comandancia de la Costa Chica, con cabecera en Ayutla y control militar hasta San Marcos y Acapulco. Los pueblos de la región, en apoyo de Juan Álvarez, se rebelaron contra esta disposición; en 1843 y parte de 1844, Álvarez asumió la dirección de la comandancia del sur, sustituyéndolo posteriormente Nicolás Bravo, hasta concluir el año de 1845.

Sin embargo, la situación política de los pueblos surianos y del país en su conjunto, posibilitaba la constitución de la entidad; con tal fin en 1847 Bravo y Álvarez ponen nuevamente a consideración del Congreso de la Unión la propuesta de erección de la entidad con los distritos de Acapulco, Chilapa y Taxco, los cuales pertenecían a los estados de México, Puebla y Michoacán, pero la invasión norteamericana retrasó su resolución.

Al reestablecerse la República, se puso a consideración de los estados afectados dicha propuesta, para que en tres meses dieran su conocimiento; pero estos no se resolvieron en el plazo fijado y fue hasta octubre de 1848 en que los  estados de México y Puebla aceptaron ceder el territorio solicitado. Michoacán se pronunció en contra el 23 de noviembre del mismo año, lo que provocó que la Tierra Caliente protestara decidiendo pertenecer al estado en gestación, de tal forma que el 25 de febrero de 1849 fue suscrita en Coyuca hoy de Catalán un Acta de adhesión al nuevo estado, mientras que Tlapa y la Costa Chica se sublevaron también en apoyo a la formación de la entidad, por lo que intervino como mediador el presidente José Joaquín de Herrera y en atención a éstas y a otras muchas demandas más de otros pueblos.

La entidad surgió en el período histórico de profundas convulsiones políticas y sociales en el país, situación que prevaleció durante la segunda mitad del siglo XIX.

El 15 de mayo de 1849, José Joaquín de Herrera, Presidente de la República, expidió el decreto de creación del Estado de Guerrero, llamado así en honor del caudillo de la Independencia, Vicente Guerrero Saldaña. La Cámara de Diputados recibió esta propuesta y el 20 de octubre del mismo año aprobó el decreto y seis días después, lo aprobó la Cámara de Senadores.

El 27 de octubre, en solemne sesión la Cámara de Diputados declaró formalmente constituido el Estado de Guerrero, y Juan N. Álvarez fue designado provisionalmente Comandante general.

Al iniciar el año de 1850 fueron electos los diputados para integrar el Congreso local y el 30 de enero se instaló la primera legislatura guerrerense en Iguala, que había sido declarada capital provisional; al día siguiente se ratificó a Juan N. Álvarez como Gobernador del Estado.

El 13 de junio asumió provisionalmente la gubernatura el coronel Miguel García, quien se mantuvo en el cargo hasta el 15 de enero de 1851; en este mismo año se promulgó la ley orgánica provisional, para organizar el nuevo Estado; entonces Tixtla fue declarada primera capital estatal y en ella se promulgó la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Guerrero, el 26 de junio de 1851.

Este acontecimiento histórico que marcó el nacimiento de la nueva entidad, fue resultado de un largo proceso de gestación de diversas condiciones de tipo geográfico, político, militar, demográfico y social, que ya se había iniciado mucho tiempo atrás.

La primera división territorial de la época, obedeció a la real cédula del año 1538 denominada “Eclesiástica” sujeta a jurisdicciones que fueron utilizadas también por el Gobierno Civil.

En el ámbito actual del Estado de Guerrero la subdivisión consistía en:

La jurisdicción de Utzila-Pátzcuaro que comprendía los centros principales de Zacatula (el nuevo), Guymeo (Guayameo del Viejo), Suchistlán, Ajuchitlán y el Secundario de Telpan (Tecpan)

La jurisdicción de México que comprendía los centros de Taxco, Tepecuacuilco, Acapulco y los Secundarios de Escateopan y Tetela.

La jurisdicción de Tlaxcala-Puebla: que comprendía los centros de Chilapan, Tlapa y los Secundarios de Tlalcocautitla, Cuamistlan (Huamuxtitlán), Olinalá, Tixtla, Xowtla y Xapala.

La jurisdicción de Oaxaca-Antequera, cuyo centro principal era Hualtepeque.

En el año de 1854, Juan N. Álvarez se levantó en armas y con ayuda de Ignacio Comonfort y otros destacados liberales, proclamaron el Plan de Ayutla, llevando a la presidencia a Comonfort, quien dictó las primeras leyes liberales del país.

El clero promovió inmediatamente una rebelión en el estado encabezada por Bonifacio Morales y Joaquín Villalobos. Comonfort ordenó entonces a Juan N. Álvarez someter a los rebeldes en Azoyú antes de que la sublevación se extendiera a las poblaciones vecinas.

La Constitución liberal del 5 de febrero de 1857, originó en Guerrero nuevos levantamientos auspiciados por los conservadores Juan Antonio y Juan Vicario, quienes derrotaron inicialmente a los liberales; entonces Vicario se dirigió a Tlapa, donde incorporó a varios indígenas, mientras que Juan N. Álvarez reclutaba más gente en Tixtla para contrarrestarlo.  Ahí se reunió con los coroneles Jiménez  y Manuel Negrete y uniendo sus fuerzas vencieron a los rebeldes en Iguala, Taxco, Pilcaya y Chilapa, pacificando momentáneamente el territorio; pero al asumir el presidente Comonfort una política conservadora este movimiento se fortaleció y el general Félix Zuloaga encabezó de inmediato un pronunciamiento conservador, que desconocía la Constitución Liberal con el Plan de Tacubaya, al cual se sumó finalmente Comonfort.

Mientras Juárez iniciaba la defensa de la Constitución al asumir la Presidencia, en Guerrero se suscitaban varios enfrentamientos, con los que Vicario ascendido a general conservador; él buscaba tomar el control en la entidad.

Por su parte, Álvarez, jefe del ejército liberal en el sur, organizaba la lucha para la defensa de la Constitución. Al expedir el presidente Juárez, las Leyes de Reforma en 1859, el entonces gobernador del estado Vicente Jiménez, ordenó su cumplimiento, con lo que se acentuó el descontento  del clero y de los conservadores, originándose nuevos enfrentamientos en Chilapa y Teloloapan.

Finalmente, el ejército liberal al mando de Jesús González Ortega, venció a los conservadores en la acción militar más brillante de los reformadores, en las inmediaciones de San Miguel Calpulalpan, estado de México.

Al establecerse la sede del gobierno federal nuevamente en el centro del país, Juan N. Álvarez fue declarado Benemérito de la Patria por el Congreso de la Unión.

La guerra de Reforma desgastó enormemente al país y el gobierno juarista debió tomar medidas para su reorganización. Una de ellas fue la suspensión temporal del pago de la deuda externa, por lo que los países acreedores convinieron el envío de tropas, para obligar al gobierno mexicano a liquidar su deuda; España e Inglaterra retiraron sus ejércitos para recibir garantías de pago, pero Francia no aceptó tales condiciones y con el apoyo de los conservadores avanzó hacia el interior del país. De inmediato el pueblo mexicano se aprestó a la defensa de la patria.

En el estado de Guerrero, el gobernador Vicente Jiménez solicitó licencia para retirarse del cargo y organizó un contingente para combatir a los inversionistas, sustituyéndolo el coronel Mariano Nava. Por su parte Juan N. Álvarez reorganizó el ejército del sur para defender la Tierra Caliente, las dos costas y los valles centrales; para la defensa de Acapulco designó a su hijo el general Diego Álvarez.

La lucha entre republicanos e imperialistas fue intensa en Guerrero, principalmente en los valles centrales; en febrero de 1882 el gobernador interino derrotó en Amojileca, cerca de Chilpancingo al conservador Juan Vozoso con una columna invasora. Poco después Manuel Carranza tomó por un día Chilapa y Félix Zuloaga tomó el 10 de marzo Iguala y diez días después los conservadores sitiaron Teloloapan, que fue defendido por el general republicano Eutimio Pinzón, quien resistió el ataque y obligó a los conservadores a levantar el sitio. Posteriormente fueron atacadas las plazas de Tixtla y Chilpancingo, después de lo cual el coronel Mariano Nava asumió la jefatura de la Primera Brigada del Ejército del Sur.

En enero de 1863, sucedida ya la batalla del 5 de mayo en Puebla, Acapulco fue atacado por una escuadra naval francesa; Cesáreo Ramos, al frente de los defensores, obligó a los intervensionistas a retirarse después de 3 días de duros combates; sin embargo los republicanos fueron obligados a abandonar la capital de la República y el ejército conservador avanzó hacia el sur con un contingente al mando de Juan Vicario y tomó Iguala, Taxco, Teloloapan y Chilapa; pero la respuesta republicana no se hizo esperar; el general Porfirio Díaz, con más de tres mil hombres, recuperó Iguala, Taxco, Tepecoacuilco y Chilapa. El forcejeo continuaba: Acapulco fue ocupado durante casi siete meses por los conservadores, hasta que fueron desalojados por el coronel Rafael Solís, quien los derrotó en Pueblo Nuevo.

En noviembre de 1864 se dio en Chilapa una de las acciones más importantes para la causa republicana: Las tropas del general Jiménez, reforzadas por las de Juan N. Álvarez, rompieron un cerco militar a la plaza que las fuerzas de la monarquía habían tenido. Con esta acción y con la recuperación del puerto de Acapulco, la entidad quedó nuevamente en poder de las fuerzas republicanas.

El hostigamiento de los conservadores no cesaba; en 1865 volvieron a atacar el puerto de Acapulco en dos ocasiones, pero fueron rechazados y el avance republicano fue cada vez más contundente. En este periodo Ignacio Manuel Altamirano, Maximiliano Ortega y Rafael Jiménez, mantuvieron el fervor republicano a través del periódico  “La voz del pueblo” y con ello constituyeron también a crear las condiciones subjetivas en la entidad para consolidar el triunfo de la República sobre la Monarquía.

Con el retiro del ejército invasor francés, obligado por las crisis internas de aquél país, la declive de los monarquistas se precipitó en 1866.

El emperador Maximiliano quedó sólo con el apoyo de los conservadores; en mayo de 1867 fue hecho prisionero y en junio fue fusilado. El presidente Juárez regresó a la Ciudad de México y reestableció nuevamente el Gobierno Republicano.

La derrota de la Monarquía, no logró estabilizar a la entidad. Los generales Vicente Jiménez y Diego Álvarez, entonces Gobernador, entraron en un conflicto político que alcanzó grandes dimensiones; Jiménez trató de desconocer al Gobernador, pero el gobierno Federal apoyó a éste y su propósito de sofocar la rebelión.

Como una medida para resolver el conflicto, el gobierno Federal envió al General jalisciense Francisco O Arce como mediador, Jiménez fue acuartelado en la Ciudad de México, Álvarez fue retirado a la costa y se convocó a elecciones, siendo designado el general Arce, cuya gestión se inició en 1869; de inmediato presentó una memoria de la división territorial de la entidad que comprendía 10 distritos y un partido. Instaló un tribunal de justicia e inició la publicación del diario “Nueva Era”; suprimió las alcabalas o impuestos y fomentó la minería y la industria. Impulsó también la educación, fundó el Instituto Literario de Tixtla y atendió los problemas de límites con las entidades vecinas.

El general Jiménez a su regreso canalizó el descontento de algunos diputados y en 1870 el gobernador fue desconocido por el sector de la legislatura local, que nombró a un gobernador interino, Arce, con el apoyo del Presidente Juárez, instaló en Iguala un tribunal de justicia para que juzgara su gestión y al no encontrar irregularidades el jurado le otorgó el derecho de reinstalar su gobierno, lo cual hizo provisionalmente en Chilpancingo. Pero el conflicto se agudizó y un nuevo levantamiento se extendió hasta que fue sofocado por el general Diego Álvarez con el apoyo del Gobierno Estatal.

La pacificación fue relativa, en 1871 Benito Juárez volvió a triunfar en las elecciones presidenciales y Porfirio Díaz proclama el Plan de la Noria, con el que desconocía a Juárez. Los jimenistas se sumaron a la rebelión que se promulgó hasta abril de 1872.

La inesperada muerte del Benemérito de las Américas dio un vuelco a la situación; Sebastián Lerdo de Tejada, como Presidente provisional, concedió la amnistía a los jimenistas y éstos depusieron las armas, lo que le permitió al gobernador Arce reorganizar política y administrativamente a la entidad y establecer la Presidencia oficial de los poderes en Chilpancingo. En este mismo año se realizaron nuevas elecciones para Gobernador, cargo que ocupó por segunda ocasión Diego Álvarez, quien durante la gestión promulgó la segunda Constitución Política del Estado de Guerrero en 1874.

El general Porfirio Díaz volvió a ser derrotado en las elecciones de 1876, ahora frente a Sebastián Lerdo de Tejada, por lo que lanzó el Plan de Tuxtepec (población del estado de Oaxaca), convocando al pueblo a levantarse en armas contra el Gobierno Constitucional, bajo el lema de “No Reelección”.

En el estado de Guerrero el movimiento fue secundado por Vicente Cuenca en Iguala, José Sánchez en Soyatlán, Jesús Márquez en Chilapa y Enrique M. Sosa en Atlamajac. Nuevamente el general Diego Álvarez encabezó la defensa de la institucionalidad y logró ganar varias batallas en la zona centro; los porfiristas, reforzados por sus correlegionarios poblanos, vencieron definitivamente en Amojileca, en el municipio de Chilpancingo y en el Playón, a un costado de Xaltianquis en el municipio de Acapulco.

En Tlaxcala venció definitivamente Díaz a las fuerzas del gobierno y de esta manera asumió el poder que mantuvo durante casi 30 años, sobre la base de la llamada  “Paz Porfirista”, impuesta mediante la represión y la célebre consigna “Mantenerlos en Caliente”.

En este periodo porfirista, el estado de Guerrero tuvo nueve gobernadores, de los cuales sólo dos eran originarios de la entidad y como es de suponerse todos eran leales a la política del dictador, de mantener el orden a toda costa, para facilitar el desarrollo, con su lema “Mucha administración, poca política”.

El gobierno de Díaz privilegió a un reducido grupo de terratenientes, militares, dueños de minas y banqueros; fomentó la inversión, dio impulso a la industria, la minería, el comercio y la agricultura. Sin embargo el desarrollo económico que llegó a alcanzar en este periodo nunca beneficio al pueblo trabajador y sí aumentó la diferenciación y la injusticia social.

A partir del último cuarto del siglo XIX, empezaron a llegar a la entidad empresas mineras como la Quin Ann Appleton; de hilados y tejidos en el Ticui, municipio de Atoyac de Álvarez y Aguas Blancas en el municipio de Coyuca de Benítez; se fundaron escuelas como la del maestro Manuel Sáenz en Huitzuco; se comenzó la construcción del ferrocarril México-Acapulco en 1882 y se crearon los primeros bancos.

Entre 1880 y 1884, el Presidente porfirista Manuel González publicó una serie de leyes y decretos agrarios que favorecieron a los hacendados y terratenientes, pero especialmente el decreto sobre colonización y deslinde de terrenos baldíos, que facilitó el latifundismo y el caciquismo.

En la entidad, el deslinde estuvo a cargo de las compañías extranjeras Land and Timer Company (compañías de tierras y bosques de Guerrero), la Mexican Noallano (compañía mexicana Noallano) y la Yextla Land Company (compañía de tierras de Yestla)

El deslinde originó también muchos casos en que los dueños, que generalmente eran pequeños propietarios y comunidades indígenas, no pudieran demostrar con títulos sus derechos de propiedad y a consecuencia de esto fueron desalojados.

El gobierno porfirista remató los terrenos baldíos hasta en un peso la hectárea, lo que permitió el acaparamiento de los pocos que tenían dinero disponible, como la familia Apreza de Chilapa, la familia Miller en Costa Grande, los españoles Fernández y Noriega en Costa Chica y los norteamericanos Lenis Lamin en Xochistlahuaca.

Los despojos a las comunidades indígenas se hicieron evidentes y fueron motivo de numerosos litigios los cuales generalmente eran largos y resueltos casi siempre a favor de los terratenientes.

La producción agrícola comenzó a diversificarse sin ninguna planeación debido a la intensa explotación de la tierra y a los intereses de las casas comerciales españolas, de tal manera que los productos básicos disminuyeron, y se incrementaron los productos comercializables en el extranjero, principalmente la caña de azúcar y el algodón, así como el coco de agua, la naranja, el limón real y la toronja, que procedían de Guerrero.

Los campesinos debían trabajar como peones sus propias tierras, e incluso llegaban a rentar en ocasiones bajo el sistema de medianía, pagándole al dueño la mitad de su cosecha, pero la explotación al campesino era especialmente mayor en la entidad; en 1890 por ejemplo, mientras un peón ganaba un promedio de 36 centavos en cualquier parte del país, en Guerrero ganaban sólo 21 centavos, trabajaban hasta 18 horas diarias y sus faltas eran castigadas hasta con daños físicos o la muerte, además de estar sometidos a las tiendas de raya y a la transmisión hereditaria de sus deudas con las haciendas. La producción pecuaria era totalmente de tipo extensivo, en detrimento de los terrenos de baja.

Las arbitrariedades de los gobernadores porfiristas contribuyeron a la rebeldía social en la entidad, tal fue el caso de Francisco O Arce, quien entre otras medidas que atentaban contra los obreros y campesinos sureños, promovió el traslado de varios grupos de indios kikapos desde el norte de el país, para realizar trabajos forzados en la hacienda de San Marcos en la Costa Chica, alentó y protegió contratos ilegales y el pago de salarios miserables a los trabajadores.

Él sostuvo un impuesto personal que había establecido con anterioridad Rafael Cuéllar, que consistía en pagar 12.5 centavos mensuales, prácticamente por existir; implementó la leva y envió a ciudadanos guerrerenses a combatir a los indios yaquis de Sonora. En el colmo de la insolencia permitió el cambio de nombre del poblado de Arroyo por el de Arcelia, compuesto por su apellido Arce y el nombre de su esposa Celia. Otro gobernador, Antonio Mercenario se caracterizó por su extrema violencia para sofocar los conflictos sociales; Damián Flores obligó a presidiarios a terminar la carretera Iguala-Chilpancingo-Acapulco, etcétera.

En cuanto a la minería llegaron a funcionar en la entidad más de 560 minas registradas cuya explotación estuvo a cargo de compañías como la Quinby And-Appleton y la Arcos Mining Company; sobresaliendo los yacimientos de Taxco y Huitzuco, en la zona norte Teratitlán en la Tierra Caliente, en las cuales además de plata  y oro se extraía, cinabrio, cobre, antimonio y salitre, aquí también las condiciones de trabajo eran extremadamente difíciles; un trabajador ganaba entre 25 y 40 centavos la jornada que era a veces mayor de 12 horas.

El desarrollo industrial alcanzado por el país durante el porfiriato también llegó a Guerrero; en ese período comenzaron a utilizarse algunas máquinas en la elaboración de azúcar y aguardiente, así como en el cultivo y procesamiento del algodón, en la hacienda de la Providencia cerca de Acapulco y en el Ticuí, del municipio de Atoyac de Álvarez, sin embargo prevalecieron las técnicas artesanales.

La compañía del ferrocarril central de México-Cuernavaca-Pacífico inició la construcción del ferrocarril central de México; en 1892 llegó el primer tren a Iguala. El proyecto original contemplaba construir una vía interoceánica que uniera a Acapulco con el puerto de Veracruz, pero en 1899 se hizo incosteable, debido al alto costo de material de construcción y a la  crisis económica producida por el desplome del precio internacional de la plata, que afectó seriamente a la entidad, por lo que el tendido de rieles sólo llegó hasta el poblado de Balsas Sur, que recientemente fue cubierto por las aguas de la presa hidroeléctrica del Caracol.

Todos estos ade lantos tecnológicos beneficiaban fundamentalmente a un pequeño grupo de terratenientes, comerciantes e industriales privilegiados. La desigualdad social inspiró un comentario a José Martí en 1878 (conocido revolucionario y escritor cubano) "aquí he encontrado: En Chilpancingo, donde la naturaleza tiene cetro, y la miseria palacio".

Los levantamientos en contra de la dictadura fueron constantes en el sur: en 1873 en la Montaña, se levantó en armas Pascual Claudio con el llamado Plan de Xochihuehuetlan, apoyado por la mayoría de indígenas tlapanecos y mixtecos de la región, exigiendo la socialización de la tierra; pero fue sofocado un año después. En 1876 los campesinos de la región Norte, Costa Chica y Centro, se rebelan en contra del excesivo cobro de impuestos, la usurpación de tierras y la opresión de los presos políticos. En 1887, se propagó otra rebelión en la región de Tlapa, dirigida por el indígena Silverio León.

Siglo XX

En la última década del siglo pasado, mucha gente se quedó sin empleo debido a la crisis de la producción minera, al detenerse la construcción del ferrocarril, de carreteras y escuelas.

En el campo, la producción algodonera decayó, debido al repunte de la producción de los estados norteños que eran más accesibles al mercado norteamericano.

En 1891 se desarrolló un movimiento de carácter mesiánico dirigido por José Cuevas que llegó a reunir una gran cantidad de comunidades de los valles centrales y que pretendía la caída de la dictadura. La dictadura perdía consenso y poder de control y nuevamente los vientos de libertad y democracia recorrieron la entidad y el país entero.

A principios de siglo, hubo un intento de participación electoral opositor al gobernador Antonio Mercenario, jóvenes intelectuales guerrerenses, encabezados por Rafael Castillo Calderón, en el cual participó Eusebio S. Almonte, bisnieto de Morelos, se rebelaron pero el movimiento fue desbaratado violentamente por el entonces coronel Victoriano Huerta. Los movimientos se sucedían en las diferentes regiones e incluso en 1893 el general Canuto A. Neri se levantó en armas en Mezcala contra la reelección del gobernador porfirista Francisco O. Arce.

En 1901, surgió un nuevo levantamiento en Mochitlán y Quechultenango, al mando de don Anselmo Bello y Gabino Gardeño, quienes proclamaron el Plan de El Zopilote.

Fue el primer levantamiento armado serio contra la dictadura en todo el país. En él se desconocía al presidente Díaz, se exigía el respeto a las elecciones democráticas y el reparto de tierras.

Al conocer la situación Díaz mandó al coronel Victoriano Huerta a sofocar la rebelión, lo cual logró de manera sanguinaria. En Mochitlán aprehendió indiscriminadamente a rebeldes civiles, luego derrotó a las fuerzas de Castillo Calderón y fusiló a Eusebio S. Almonte, después de aprehenderlo en Mezcala.

Las rebeliones continuaron y en 1910, don Porfirio Díaz, se lanzó como candidato para una nueva reelección, compitiendo principalmente con don Francisco I. Madero. Para participar en las elecciones Madero formó el partido antirreeleccionista con filiales en la mayoría de los estados de la república. En Huitzuco, con la orientación de Octavio Bertrana, se formó el círculo antirreeleccionista Juan N. Álvarez, encabezado por los hermanos Ambrosio, Rómulo y Francisco Figueroa, quienes al saber del fraude electoral se incorporaron a la lucha armada, librando en febrero de 1911 uno de los primeros combates en Atenango del Río.

El club estaba formado por personas de nivel económico desahogado. Algunos eran propietarios de tierras, otros profesores de escuela, hacendados, dueños de minas, etcétera. Se aglutinaban en favor de la demanda de elecciones democráticas, por el cese a la corrupción de funcionarios y por la no Reelección es decir, eran partidos de reformas políticas en el gobierno, pero sin trastocar el régimen  de propiedad y las relaciones sociales.

Por su parte, el grupo de revolucionarios guerrerenses que se adhirió al Zapatismo, estaba integrado por campesinos sin tierras, despojados y explotados por los hacendados, quienes querían un cambio social más profundo. Ambos grupos apoyaron a Madero y al Plan de San Luis; pero cada cual con sus aspiraciones e intereses.

En julio de 1911, después de la renuncia del dictador, las últimas tropas porfiristas en territorios guerrerenses se rindieron en Acapulco; inmediatamente los jefes maderistas se reunieron en Iguala para nombrar un gobernador provisional, eligiendo a Francisco Figueroa, quien entre otras medidas restableció el régimen del municipio libre.

Como candidato a la presidencia por segunda ocasión Madero visitó Iguala, donde fue recibido jubilosamente. Sin embargo Madero no sostuvo dentro de su programa de gobierno la cláusula del Plan de San Luis. que ofrecía devolver legalmente las tierras a los pueblos que la reclamaban, por lo que los zapatistas se negaron a no disponer de las armas y el gobierno maderista decidió perseguirlos, volviendo a estallar la guerra civil en Guerrero, Michoacán, Puebla, Tlaxcala y Morelos.

Los zapatistas se fortalecieron principalmente en los valles centrales y mantuvieron un importante control militar sobre algunas plazas de la tierra norte y la montaña, mientras que los maderistas se asentaron en el gobierno del estado hasta la traición de Victoriano Huerta, quien había ganado parte de sus grados militares con actos sanguinarios como oficial del ejército porfirista en Guerrero.

Este acontecimiento redujo al mínimo al maderismo, que se adhirió al Plan de Guadalupe, proclamado por Venustiano Carranza, así los zapatistas que sólo cambiaron de enemigo, continuaron su actividad guerrillera.

Zapatistas y constitucionalistas se vieron obligados a coordinarse para combatir al usurpador. Los primeros sostuvieron sus posiciones en los Valles Centrales, la Sierra Norte y la Montaña y los segundos en Huitzuco y Tepecoacuilco; para 1914 tenían tomada la mayor parte del territorio estatal y el 24 de marzo tomaron la capital, después de lo cual una junta de los jefes zapatistas reunidos en su cuartel de Tixtla nombró gobernador provisional al destacado general Jesús H. Salgado, quien por modestia protestó como director provisional del estado.

Durante su gestión se nombraron presidentes municipales democráticamente, se expropiaron minas y haciendas para dar trabajo a los campesinos que regresaban de los campos de batalla, se repartieron las tierras, se fundó el Banco Revolucionario del Sur y se suprimieron para siempre las tiendas de raya.

Al renunciar Huerta a la presidencia, el ejército constitucional y Carranza se consolidaron en el poder. Por las características e intereses de su proyecto político no aceptaron las condiciones zapatistas respecto a la restitución de tierras, expropiación de haciendas y reconocimiento del Plan de Ayala, por lo que nuevamente surgieron diferencias entre el nuevo régimen y los zapatistas.

La solución política al enfrentamiento del carrancismo con los revolucionarios pareció estar en la realización de la convención de Aguascalientes, pero debido al choque de intereses sociales y económicos  de cada fracción y a las diferencias en cuanto al problema del latifundio, no se pudo llegar a ningún acuerdo y se dividieron definitivamente las fuerzas.

La presidencia de la República ofrece la gubernatura del Estado a Julián Blanco, a cambio de combatir al zapatismo del sur; éste acepta y ocupa el poder ejecutivo estatal hasta 1915, en que muere en una emboscada tendida por las fuerzas de Silvestre Mariscal, quien a partir de ese momento se erige como jefe supremo de Guerrero. Inmediatamente se reiniciaron los combates en la entidad y después de algunos triunfos zapatistas y de la toma de la Ciudad de México por los ejércitos villistas y zapatistas, el cual de la Guerra Civil fue cambiado lentamente en su contra el ejército constitucionalista apoyado y financiado por los Estados Unidos se consolidó y en la entidad vencieron en Chilpancingo, Tixtla y Chilapa a las fuerzas zapatistas, las cuales habían sufrido un gran debilitamiento por la falta de financiamiento para sostener un ejército regular, por las pugnas internas y el desgaste material de sus fuerzas, de tal manera que la muerte del general Zapata en 1919 vino a desmoronar fatalmente su movimiento.

Cuando el Sector Social que apoyó a Carranza se consolidó en el poder, convocó al Congreso Constituyente de 1917 en el cual Guerrero estuvo representado por los diputados Fidel Jiménez de Tixtla, Fidel R. Guillén de Ometepec y Francisco Figueroa. Poco después Carranza fue electo presidente constitucional, pero al término de su período se da una nueva división en el grupo constitucionalista, al designar Carranza al licenciado Ignacio Bonilla como candidato presidencial, con la intención de evitar el acceso de los militares a la presidencia.

Don Adolfo de la Huerta lanza desde Sonora el Plan de Agua Prieta, el cual fue secundado por los políticos y militares de otros estados; Carranza se sintió sin apoyo y decidió huir, pero encontró la muerte en su intento el 21 de mayo de 1920 en Tlaxcaltongo, Puebla y Adolfo de la Huerta ocupó provisionalmente la presidencia y convocó a elecciones, las cuales fueron ganadas por el general Álvaro Obregón.

Nuevamente el estado vivió una etapa de agitación social por la inconformidad campesina ante el caciquismo, los monopolios comerciales y el latifundismo, aún imperantes; las fuerzas al mando del general Rómulo Figueroa se sumaron al obregonismo y los viejos hacendados apoyaron a de la Huerta.

El 6 de octubre del mismo año fue promulgada la nueva Constitución del Estado Libre y Soberano de Guerrero. Sin embargo la lucha de los zapatistas continuó durante los últimos meses de 1917 y todo el año de 1918, pues consideraron que los objetivos de su lucha, especialmente el reparto de tierras, no se había cumplido.

El 10 de abril de 1919 Emiliano Zapata fue asesinado en la hacienda, de Chinameca, Morelos, con lo que se debilitó fatalmente su movimiento y finalmente se dividió.

Gildardo Magaña fue designado como jefe de la fracción más conservadora y optó por persuadir a los guerrilleros para que negociaran la amnistía y pactando con el gobierno constitucionalista la aceptación de algunos puntos del Plan de Ayala. De esta manera la guerrilla Zapatista se extinguió en la entidad.

Al concluir el período presidencial de Venustiano Carranza en 1920, se produjo una nueva división en el grupo constitucionalista al designar Carranza al licenciado Ignacio Bonilla como candidato presidencial con lo cual no estuvieron de acuerdo algunos militares. La intención de Carranza por evitar el acceso de los militares a la presidencia se topó con la aspiración del general Álvaro Obregón y decidió pasar a la represión abierta del movimiento opositor; Obregón disfrazado de fogonero escapó de ser aprehendido y llegó a Cocula donde fue recibido por las autoridades locales y de ahí se dirigió a Chilpancingo donde fue recibido y apoyado por el gobernador Francisco Figueroa. Ahí lanzó un manifiesto de adhesión a la rebelión anticarrancista en Sonora que posteriormente tomaría forma con el Plan de Agua Prieta.

El 20 de abril de 1920 los poderes del estado de Guerrero desconocieron al presidente Carranza, como lo habían hecho ya otros estados de la República y éste pretendió trasladar los poderes a Veracruz, lo cual no pudo lograr porque Carranza fue asesinado en Tlaxcaltongo, estado de Puebla en mayo de 1920; igual suerte corrió Silvestre C. Mariscal quien había sido nombrado por Carranza gobernador del estado en sustitución de Francisco Figueroa. Mariscal, no pudo desembarcar en el puerto de Acapulco pues estaba bajo el control obregoncista y se trasladó a Mezcalhuacan donde fue aprehendido y asesinado.

Adolfo de la Huerta ocupó provisionalmente la presidencia y convocó a elecciones, las cuales fueron ganadas obviamente por el general Obregón, iniciándose así una nueva etapa política en el país.

Los zapatistas fueron reconocidos por el nuevo gobierno y habilitados en puestos públicos y jerarquías militares; Gildardo Magaña fue nombrado general de división, Genovevo de la O quedó al mando de la división del sur.

Rodolfo Neri fue designado gobernador de Guerrero. En su período, que duró cuatro años a partir de abril de 1921 se inició la Reforma Agraria, se organizaron sindicatos de trabajadores y se impulsó la educación.

En cuanto a la acción agraria, se dotó de tierra a muchas comunidades, pero no se afectaron las tierras de las grandes compañías extranjeras debido principalmente a las presiones de parte de los caciques y propietarios.

En el terreno laboral se creó en Acapulco la Liga de Trabajadores a bordo de los barcos y tierra, en cuya organización se destacó Juan Ranulfo, escudero  que pugnaba por la jornada de 8 horas, el aumento de salario, el descanso dominical, el pago a la semana en moneda nacional y protección contra accidentes. Esta asociación junto con otros sectores fue la base del Partido Obregón de Acapulco, (que desarrolló un programa democrático) la Constitución de 1917 y apoyó la candidatura de Álvaro Obregón.

En el aspecto educativo, en 1922 el gobierno estatal acordó con la federación asumir el control de las escuelas rurales y municipales. Además el Gobierno Federal se comprometió a establecer escuelas de estudios superiores en Chilpancingo, Huitzuco y Tixtla, una normal en Tlapa y otra en Coyuca de Catalán, así como varias escuelas nocturnas. Ese mismo año fue creada la escuela normal rural del estado y se fundó la primera misión cultural.

Pero las pugnas entre los caudillos constitucionalistas continuaron, en 1923 nuevamente Rómulo Figueroa se adhirió a un levantamiento armado antigobiernista, ahora encabezado por Adolfo de la Huerta, quien se pronunció en contra de la candidatura a la presidencia de Plutarco Elías Calles que era apoyado por Obregón; De la Huerta desconoció al gobierno de Obregón y se auto postuló como candidato a la presidencia. Los enfrentamientos armados se reiniciaron en la entidad entre los de lahuertistas (Figueroa y Urbano Lavin) y los obregoncistas (Genovevo de la O, Adrián Castrejón, el gobernador  Rodolfo Neri, los hermanos Vidales, Silvestre Castro "el ciruelo" y Juan R. Escudero)

Después de algunas batallas con las que llegaron a tomar Chilpancingo y Acapulco, el avance de lahuertista fue contenido y su movimiento fue derrotado en 1924 no sólo en la entidad sino en todo el país. Ese mismo año fue electo Presidente Plutarco Elías Calles; en cuyo período se fundó la liga de campesinos de Atoyac y la cooperativa Unión de Ambas Costas, dirigido por Amadeo Vidales.

En 1926 dio inicio el movimiento armado conocido como la Guerra Cristera, como resultado de la aplicación de las leyes constitucionales en materia religiosa; los intereses de la iglesia se vieron afectados y un sector de creyentes consideró agredida su libertad de creencias.

En la entidad este movimiento cobró fuerza porque algunos campesinos sin tierra apoyaron la rebelión en Chilapa de Álvarez, Tetipac, Ixcapuzalco, Coyuca de Catalán, Ajuchitlán y Pachivia, municipio de Ixcateopan, y lograron integrar un ejército de alrededor de 3,500 “cristeros” quienes después de apoderarse de plazas como Acapulco, Huitzuco, Técpan, Coyuca de Catalán y Chilapa, tomaron temporalmente la capital del estado.

Para fin de 1927 el Gobierno Federal lanzó una fuerte ofensiva para recuperar la mayor parte de las plazas tomadas por los rebeldes, pero a raíz de la ejecución del párroco de Tecalpulco, la insurrección se fortaleció y los combates continuaron hasta 1929, año en que se negocio la paz entre las autoridades eclesiásticas y el Gobierno Federal.  Para ese mismo año se inició el reparto de tierras en Acapulco y se constituyeron los primeros ejidos: Tres Palos, Amatepec, Piedra Blanca y Ejido Nuevo. También en 1926, durante el período gubernamental de Héctor F. López, el congreso del estado modificó la Ley del Municipio Libre para establecer la representación proporcional en las elecciones de los ayuntamientos, lo que significó un importante avance en la democratización de los municipios.

En la década de los años 30 el estado inició un proceso de desarrollo importante. En el terreno educativo se fundó la escuela normal de Ayotzinapa en el municipio de Tixtla, el internado, indígena San Gabrielito en el municipio de Tepecoacuilco y el Colegio del Estado, antecedente de la Universidad Autónoma de Guerrero.

En 1931 se inició el desarrollo turístico de Acapulco creándose una infraestructura que pronto lo convirtió en un fuerte polo de atracción tanto para capitales como para visitantes nacionales y extranjeros, gracias a la carretera que se construyó entre 1925 y 1927 ya que ante la inexistencia de un desarrollo industrial importante en la entidad, se canalizaron la mayoría de las inversiones hacia este puerto y a la creación de servicios públicos necesarios.

En 1924 asumió la presidencia el general Lázaro Cárdenas del Río. Su período se caracterizó por la sucesión de acontecimientos de gran relevancia como la Reforma Agraria, la Expropiación Petrolera y la creación de la Red Bancaria Nacional. En la entidad se reanima la lucha agraria y se desplegó un amplio movimiento que logró incluso a través de la lucha armada, el fraccionamiento de grandes latifundios tanto de terratenientes nacionales como extranjeros, que dio lugar a la formación de varios ejidos.

Las ideas cardenistas motivaron a líderes como Feliciano Radilla, en Costa Grande quien organizó la Liga de Resistencia Obrera Campesina que integró comités de campesinos solicitantes de tierras e incluso organizó en 1937 guardias para repeler los ataques de los hacendados, coordinó la creación de 36 ejidos en el municipio de Atoyac y asesoró a los obreros de la fábrica textil de Ticuí, quienes formaron una cooperativa de producción.

Otra destacada impulsora de la política cardenista fue María de la O, quien fundó también en 1937 la Unión Fraternal  de Mujeres Trabajadoras de Acapulco. Destacó en estos años la formación del Partido Socialista del estado de Guerrero que llegó a coordinar estas luchas y cuyos comités de solicitantes de tierras fueron  la base de las Ligas Agrarias Municipales.

Entre los latifundios más  importantes que fueron afectados se encontraban los terrenos de la “Guerrero Land and Timber Co.” que  incluía parte de los municipios de la Unión, Petatlán, Técpan, Atoyac, Ajuchítlán, Coyuca de Catalán y Chilpancingo, entre otros. También fueron afectados los latifundios de los Fernández, Martínez, Soberanis y Gómez dueños de gran parte de la Costa Grande, así como de los Miller y Noriega en la Costa Chica.  En la montaña se afectó la albacea de Romano y Cía. Que controlaba la mayoría de la tierra de riego de la cañada del río Tlapaneco y las tierras que acaparaba Lewis Lamm en Tlapa y Xochistlahuaca, las cuales se repartieron como ejidos.

La misma suerte corrió el latifundio de la Compañía Maderera del Pacífico y los terrenos de G. M. Hurt en el municipio de Chichihualco.

En cuanto a la producción agropecuaria, con apoyo gubernamental se mejoraron las técnicas de producción, se facilitó la obtención de insumos, se diversificó la producción promoviéndose la plantación de la palma de coco en las costas, el cultivo del café en la parte alta de la Costa Grande y el ajonjolí especialmente en la Tierra Caliente. Asimismo se inició la exportación de algunos productos agrícolas como materia prima para la industria aceitera, jabonera, farmacéutica y papelera y se impulsó el intercambio comercial en ciudades como Iguala y Chilpancingo con la ampliación de caminos pavimentados, facilitando la salida de productos y el abasto de manufacturas de otras entidades.

La industria ya desde entonces mostraba una actividad muy limitada, orientada principalmente a la transformación de productos agrícolas, mineros y escasamente a generar energía eléctrica. En el primer caso, destacaba la manufactura artesanal, principalmente en la zona centro y montaña. En Taxco la minería volvió a resurgir con empresas como la de William Spratling, el artesano norteamericano que elaboró piezas de plata siguiendo modelos prehispánicos.

En Colotipla, municipio de Quechultenango, entró en operación una planta generadora de energía eléctrica; en Acapulco, zona Norte y Tierra Caliente se instalaron fábricas de aceites y jabones; en Taxco se creó una embotelladora de agua gaseosa y en Cocula un ingenio azucarero. Así comenzó la historia reciente del estado de Guerrero.

PERSONAJES ILUSTRES


CRONOLOGÍA DE HECHOS HISTÓRICOS
Año Acontecimiento
Año
Acontecimiento
1814
Durante el movimiento de la Independencia, José María Morelos y Pavón decretó la creación de la provincia de Técpan plasmada en el decreto constitucional para la libertad de la América Mexicana del 22 de octubre de 1814 y sancionada en Apatzingán.
1826
De acuerdo con el primer informe en que el gobierno del estado Libre de México da cuenta a su Congreso de 1826 de que en virtud del Decreto 36 del 9 de febrero de 1825, una fracción del actual estado de Guerrero formó parte de la prefectura de Acapulco y Tasco.
1849
El 27 de Octubre, se erigío el Estado de Guerrero como entidad independiente constituido por cuatro distritos y la municipalidad de Coyuca.
1850
Por decreto No. 16 del y 12 de marzo, se estableció que al distrito de Acapulco se le diera en lo sucesivo el nombre de Tabarez, al de Chilapa Álvarez el de Taxco, Hidalgo, al de Ometepec, Allende, al de Teloloapan, Aldama al de Ahuchitlán, Mina al de Tecpan, Galeana al de Tlapa, Morelos, al de Huamuxtitlán, Herrera, si se llegare a erigir.
1850
El 15 de marzo se promulgó en la ciudad de Tixtla de Guerrero la Ley Orgánica Provisional para el arreglo interior del Estado de Guerrero, en ella se indicó que el territorio del estado se dividía en los partidos de Acapulco, Chilapa, Ometepec, Tixtla, Taxco, Teloloapam, Tecpan, Tlapa y Ajuchitlán. Los ocho primeros con las municipalidades que tenían al decretar el Congreso General la erección del estado de Guerrero; y el noveno con el de Ajuchitlán, Cutzumala, Tlacotepec y Coyuca, quedó pendiente en erigirse el partido de Huamuxtitlán, asimismo se indicó que los partidos en lo sucesivo se denominarían distritos.
1851
El catorce de junio fue emitida la primera constitución política del Estado de Guerrero, la cual señaló que la división para su mejor administración interior, se hará por medio de una ley que con el carácter de constitucional, consulte tanto interés del Estado como el de las partes en que se divida.
1851
Se creó la municipalidad de Tlalchapa.
1852
Se creó la municipalidad de Cuajinicuilapa.
1852
Se creó la municipalidad de Mochitlán.
1853
Guerrero se erigió en departamento, sin indicar su demarcación territorial. Posteriormente el plan de Ayutlá restituyó el régimen Federal, es decir, se retomó la categoría de Estado. Ésta denominación se interrumpió al entrar en vigor la Ley sobre la división territorial del imperio emitida en 1865 por Maximiliano. En ella se fragmentó al territorio nacional en 50 departamentos, así quedo conformado por los de Acapulco y Guerrero (fracción XX y XXI), esta misma composición correspondió a las militares emitidas durante el imperio de Maximiliano.
1861
Erección de la municipalidad de Arcelia (Totoltepec) en marzo.
1869
Se subdividió la municipalidad de Copala, en Copala y Cuautepecen en octubre.
1870
La municipalidad de Zapotitlán se subdividió en Zapotitlán y Atlixtac en marzo.
1870
Erección de la municipalidad de Petatlán en abril.
1870
La municipalidad de Milinaltepec se subdividió en Milinaltepec y Atlamaljancingo del Monte en mayo.
1871
Erección del Distrito de Bravos y de la Municipalidad de Mineral de Tepantitlán de las platas en junio.
1872
Erección de la municipalidad de Tlacuachistlahuaca en mayo.
1872
Erección del distrito de Taxco de Alarcón y de la municipalidad de Tetipac en julio.
1873
Se modificó el nombre del distrito de Ometepc por distrito de Abasolo en junio.
1874
Erección de la municipalidad de Cuetzala del Progreso en mayo.
1874
Supresión del municipio de Petatlán en junio.
1874
Erección de la municipalidad de Tecoanapa el 3 de julio.
1874
El 26 de julio, se reformó la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Guerrero, sin consignarse en ésta división territorial alguna.
1875
Erección de la municipalidad de Copalillo en diciembre.
1876
Erección de la municipalidad de Coyuca de Benítez en mayo.
1880
Se promulgó la Constitutución Política del Estado Libre y Soberano de Guerrero, en donde se estableció la división territorial.
1880
La Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Guerrero señala que la división territorial del estado corresponde a 13 distritos y 62 municipalidades, estos distritos son: Abasolo, Alarcón, Aldama, Allende, Alvarez, Bravos, Galeana,Hidalgo, Mina, Morelos, Tabares, y la Unión
1885
Huamuxtitlán se erigió con el nombre de Zaragoza.
1885
Erección del distrito de Zaragoza en octubre.
1885
Erección de la municipalidad de Florencio Villareal en noviembre.
1890
Erección de la municipalidad de Pedro Ascencio Alquisiras en noviembre.
1890
Se ratificó la denominación del distrito de Abasolo en marzo.
1894
Se cambió la modificación del distrito de la Unión, por el de Montes de Oca en marzo.
1907
De conformidad con el estado de Michoacán sobre el arreglo de limites entre ambos, se decretó el arreglo definitivo, entre ambas entidades, por la cual la municipalidad de Zirándaro y demás pueblos y parte de Pungarabato pertenecientes a Michoacán, pasan al estado de Guerrero,
1908
Con la expedición de la Ley No. 55 Orgánica de División Territorial del Estado, en mayo de 1908, se respetó la división que existente en todas las localidades existentes al momento.
1914
Al emitirse la Ley del Municipio Libre, promulgada por Venustiano Carranza en 1914, se reformó el art. 109 de la Constitución de 1857. Esta disposición fué plasmada en la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Guerrero de 1917, la cual estipuló en su artículo (art.) 16, se divide en las siguientes municipalidades: Ometepec, Igualapa, Xochistlahuaca; art. 17, el Estado adopta como base de su organización política y administrativa, el municipio libre; en conformidad con el art. 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917.
1919
Se emitió la Ley del Municipio número 30, en ella se estableció que la base de su organización política y administrativa es el municipio.
1924
Erección de la municipalidad de Apaxtla.
1931
Erección de la municipalidad de Pilcaya.
1933
Se cambia la denominación de municipalidad de Tetipac por Noxtepec en marzo.
1934
Erección de la municipalidad Benito Juárez.
1935
Reerección del municipio de Petatlán en enero.
1944
Supresión de los municipios de Copalillo, San Vicente Zoyatlán, Metlátanoc, Tenango, Tepexi, Cuéllar y Tlalixtaquilla.
1944
El 20 de diciembre, entró en vigor la Ley número 59 Orgánica de División Territorial del Estado, en ella se indicaron los distritos, municipalidades y las localidades, que integraban a cada municipio, teniendo un total de 15 distritos, 69 municipalidades y 6,008 localidades.
1947
Rehabilitación del municipio de Copalillo y erección del municipio Cochoapan mediante el decreto No. 111 del 2 de enero.
1947
Restitución del municipio de Metlatónoc y se suprime el municipio de Cocholapa.
1947
Erección del municipio de Tlapehuala en noviembre.
1947
Se cambió el nombre al municipio de Tlacotepec para denominarse General Heliodoro Castillo en diciembre.
1950
Se agregó el nombre de Cuahutémoc al municipio de Ixcateopan, para denominarse Ixcateopan de Cuauhtémoc.
1951
Erección del municipio de Juan R. Escudero.
1953
Creación del municipio del Gral. Canuto Neri, en diciembre.
1953
Erección del municipio de José Azueta en diciembre.
1953
Erección del distrito de Cuauhtémoc en diciembre.
1956
El 26 de dicimbre de 1956 se emite la Ley Orgánica del Municipo Libre No. 111 que deroga a la de 1919, en ella se estableció que el territorio del estado se divide en 75 municipios. Durante su vigencia no se registró cambio alguno.
1974
El 8 de agosto, se expidió la Ley Orgánica del Municipio Libre No. 108, que derogó la Ley Orgánica del Municipio Libre No. 111, de 1956 en ella se consigna la misma división territorial.
1977
Se crearon los distritos de Azueta y la Montaña con cabecera en Zihuatanejo y Milinaltepec respectivamente, y que de acuerdo a lo establecido en la Ley Orgánica No. 59, de división territorial adquieren la categoría de ciudad por ser cabacera de distrito.
1984
El 7 de febrero se emitió la Ley Orgánica del Municipio Libre No. 675, que derogó la Ley Orgánica del Municipio Libre No. 108 de 1974, ella indica la misma división territorial que en la anterior ley.
1987
Se cambió la denominación del municipio de Zumpango del Río por el de Eduardo Neri.
1988
Se modificó la denominación del municipio de Cuahuayutla de Guerrero por el de Cuahuayutla de José María Izazaga.
1990
El 5 de enero, se publicó la Ley Orgánica del Municipio Libre del Estado, que derogó la Ley Orgánica del Municipio territorial del Estado la comprendían 75 municipios.
1993
Se cambió la denominación del Municipio de la Unión Guerrero por el de la Unión de Isidoro Montes de Oca.
1993
El 20 de julio, se reformó y adicionó el artículo No, 5. de la Constitución Política del Estado, en que se señalan a los 76 municipios que constituyen al Estado de Guerrero.
1995
La división territorial del Estado se sustenta en la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Guerrero fechada en marzo de 1995.
Enciclopedia de Los Municipios y Delegaciones de México
Estado de Guerrero.