Tlaxcala
Historia

RESEÑA HISTÓRICA

ÉPOCA PREHISPÁNICA

Las huellas de los primeros pobladores de Tlaxcala datan de hace 12 000 años, cuando grupos nómadas dejaron testimonio de su estadía, mediante una punta de proyectil bifacial tipo "clovis", muy similar a las utilizadas por cazadores del altiplano sudoeste de los Estados Unidos de Norteamérica, y cuya antigüedad se sitúa entre los 13 000 y 10 000 años. El artefacto fue encontrado en 1957 por los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en las laderas del Cerro Coaxapo, adyacentes al poblado de San Juan Chaucingo del municipio de Tetla. Artefactos similares, pero con una antigüedad de 9 000 años fueron descubiertos en dos sitios que se localizan a 8 kilómetros al norte, y 8 Kilómetros al este de la ciudad de Tlaxcala.

Estos primeros habitantes de Tlaxcala vivían de la recolección de frutos silvestres, de la captura de pequeños animales, así como de formas elementales de caza. No conocían habitaciones permanentes, ni animales domésticos. Gradualmente debió aparecer la división del trabajo por sexos, en la cual las mujeres se dedicaban a las labores de la recolección de plantas y frutas, y los hombres a la caza. Las técnicas aprendidas en cada una de estas dos grandes actividades, la acumulación de inventos, descubrimientos y conocimientos generan un excedente que aumenta la producción necesaria de alimentos. Así la reserva de alimentos deriva en una división del trabajo perfeccionada y en el crecimiento de la población.

La sobreproducción desembocó en la "revolución neolítica", con la que comienza la agricultura y la crianza de animales. En un principio la reserva de alimentos entre la siembra y la cosecha fue muy elemental, por lo que la agricultura fue una actividad secundaria respecto a la recolección y a la caza. Pero la importancia de la agricultura y la crianza de animales radica en que por primera vez el hombre somete la producción de los medios de subsistencia a su control directo.

La historia de Tlaxcala, no puede entenderse sin recordar a la historia de los cuatro señoríos prehispánicos de Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuixtlán, cuyos pobladores concurrieron a la fundación de la capital de Tlaxcala en el siglo XVI. ¿Quiénes fueron los artífices de los cuatro señoríos que conforman la República de Tlaxcala gobernada por un Senado? Los viejos cronistas afirman que los tlaxcaltecas fueron el sexto de los siete linajes que salieron de Chicomostoc (lugar de las siete cuevas), llegando en su peregrinar a los llanos de Poyoauhtlan el año de 1208.

En esos llanos, ubicados entre las poblaciones actuales de Texcoco y Chimalhuacán, estado de México, combatieron con los tepanecas saliendo victoriosos. Pese a ello, decidieron continuar su peregrinaje, pues Camaxtli, dios de los tlaxcaltecas, les orientó diciéndoles: uncantonazoncantlathuiz, oncanyazque ayancomican. "Adelante habéis de pasar y no es aquí aún donde ha de amanecer y hacer sol y resplandecer con sus propios y refulgentes rayos".

Hacía 1350 abandonaron los llanos de Poyoauhtlán, dividiéndose en dos grupos: los que peregrinaron hacia el norte de Texcoco, llegando al territorio del actual estado de Hidalgo, donde fundaron Tulancingo y Huauchinango, y los que atravesaron la sierra nevada por Amecameca, y rodeando la falda del volcán Popocatépetl pasaron por Huejotzingo y Cholula, hasta llegar a Contla y pasar de ahí a Tepectipac, en el año de 1 380, donde fundan el primer señorío.

La llegada de los tlaxcaltecas (también llamados teochichimecas) a las cumbres de Tepeticpac no fue bien vista por los olmeca-xicalancas, quienes se habían asentado con anterioridad en la región y desarrollado el señorío de Cacaxtla, desde donde dominaban el valle. Los tlaxcaltecas se vieron obligados a disputarles el territorio expulsándolos de Cacaxtla, Texoloc, Mixco, Xiloxochitla y Xocoyucan.

Llegada de los Teochichimecas a la Región Tlaxcalteca.

El desalojo de los olmeca-xicalancas por los recién llegados, generó alarma entre los pobladores de la zona, quienes temieron correr la misma suerte o convertirse en simples tributarios. El señorío de Huejotzingo decidió tomar Tepeticpac para lo cual solicitó la ayuda de los tepanecas del señorío de Atzcapotzalco, con quienes ya se habían enfrentado los tlaxcaltecas en Poyoahutlán. Los tlaxcaltecas también pidieron ayuda a sus deudos y parientes, los culhuas de Texcoco. El asalto a Tepeticpac ocurrió en el año de 1384. Los tepanecas simularon que ayudarían a los huejotzincas, no así los culhuas de Texcoco quienes auxiliaron a los tlaxcaltecas a repelar la agresión, venciendo a los huejotzincas. Esta victoria sirvió para que Tlaxcala definiera sus fronteras y estableciera buenas relaciones con sus vecinos, pero los huejotzincas no aprenderían la lección.

Después de esta victoria, los tlaxcaltecas se dedican a fortalecer su señorío bajo el mando de Culhuatecuhtli, quién al correr de los años, sintiéndose viejo y habiendo ampliado su modesto territorio, llama a su hermano menor Teyohualminqui, a quien le obsequia la mitad de su Señorío.  Teyohualminqui y sus súbditos dejaron Tepeticpac para fundar el segundo señorío denominado Ocotelulco, que significa "en el barrio alto del pino" o "en el altozano del pino". A este señor le sucedieron dos descendientes en línea directa. Su nieto Acatentehua propició un gobierno guerrero, lo que le permitió otorgar mercedes a los principales, pero en la senectud se volvió tirano y soberbio, por lo que otro noble llamado Tlacomihua organizó el asesinato de Acatentehua y sus parientes, Tlacomihua fundaría la dinastía de los Mexixcatzín.

Según los cronistas de la época, no todos los súbditos estuvieron de acuerdo con la conspiración para dar muerte a Acatentehuzi, Tozmpane, entre ellos, quién decidió abandonar Ocotelulco que fue el segundo señorío pues no simpatizaba con los usurpadores, asentándose con sus partidarios en un lugar conocido como Teotlalpan. Tozmpane que huía de los envidiosos y conspiradores nunca sabría que los súbditos de su hijo Tepolohuatecuhtli lo traicionarían y matarían, sin motivo alguno, pues este personaje introdujo la industria y las artesanías logrando un mayor bienestar de la población, además de haber gobernado con justicia.

A Tepolohuatecuhtli le sucedió un personaje llamado Zozoe Atlahua Tlacaztalli, quien transfirió la cabecera de Teotlalpan a Tizatlán fundándose el tercer señorío. Después ocupó el mando Huitlalotecuhtli, de quien no se guarda memoria. A su vez, la sucesión fue para Xayacamachan, de quien se dice fue muy temido y reverenciado por los suyos. A la muerte de este personaje ocupó el poder su hijo Xicohténcatl-Huehuetl "el viejo", considerado un gran guerrero quien vivió más de 120 años.  Xicohténcatl quiere decir "el señor de los labios de jicote". Metafóricamente significa el que pronuncia conceptos que en sus labios son graves, severos e hirientes. De lo anterior se deduce que este gobernante era un excelente orador y tenía la magia de la palabra.

El cuarto señorío fue fundado con cabecera en Quiahuixtlán por los tlaxcaltecas que habían ido a poblar Tulancingo y Huauchinango, después del enfrentamiento con los tepanecas, y que no habían querido seguir al grueso de la población tlaxcalteca en su peregrinar por la sierra nevada, Estos cuatro señoríos conformaron lo que en el siglo XVI se conoció como la República de Tlaxcala. Cada señorío era autónomo en materia de gobierno interior, pero en asuntos de defensa de la independencia frente a otras etnias expansionistas como los aztecas, o de enemigos más cercanos como los señoríos de Cholula o Huexotzingo, se reunían los cuatro senadores, quienes depositaban en uno de ellos el mando de los ejércitos, quedando federados y cohesionados en una sola nacionalidad.

Entre los siglos XIV y XV, Tlaxcala se distingue entre las culturas más importantes de Mesoamérica. Vive una etapa de bonanza, gracias al comercio con los pueblos de la costa del Golfo de México y del Océano Pacífico, así como con Centroamérica. A través de este comercio los tlaxcaltecas obtenían cacao, cera, textiles, pigmentos, oro y piedras preciosas, pieles finas, plumas de aves exóticas, sal, etc.

Mercado tlaxcalteca

Simultáneamente al esplendor de Tlaxcala, los tenochcas realizaban una serie de conquistas convirtiendo a muchos pueblos en tributarios, quedando Tlaxcala y otros cuantos señoríos fuera del control político de México-Tenochtitlán. La integración de la Triple Alianza entre Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan en 1455, da origen a las llamadas "guerras floridas", con el propósito religioso de obtener prisioneros y sacrificarlos a sus dioses. Los enemigos seleccionados para estas justas bélicas fueron Huejotzingo, Cholula y Tlaxcala. Con las guerras floridas también comenzó una hostilidad hacia los comerciantes de Tlaxcala, quienes ya no pudieron transitar por las rutas comerciales, al ser maltratados y despojados de los bienes que comerciaban por los tenochcas. La ciudad de Tenochtitlán en esa época, era gobernada por Moctezuma Ilhuicamina.

Guerras Floridas

Los tlaxcaltecas no dudaron en entrevistarse con "el flechador del cielo", para demandarle la libertad de comercio. Moctezuma Ilhuicamina, con una gran soberbia, exigió tributo a la República de Tlaxcala, lo que significaba vasallaje y sometimiento que no aceptaron los tlaxcaltecas, dando inicio a una larga enemistad que desembocó en permanentes enfrentamientos bélicos.

Tlaxcala y Tenochtitlán surgieron en el mundo indígena con dos concepciones políticas diferentes que a la larga chocarían inevitablemente. Tlaxcala desarrolló un sistema de ciudades-estados que conformaron una República, mientras que México-Tenochtitlán se convirtió en imperio.  Durante muchos años los enemigos de Tlaxcala intentaron incursionar en su territorio, sin lograr conquistar un solo palmo de terreno. A su vez, Tlaxcala no pudo ir más allá de sus fronteras, hasta que los aztecas en el año de 1504 , conjuntamente con sus aliados huexotzincas y cholultecas, lanzaron una ofensiva bajo el reinado de Moctezuma II, siendo derrotados ante el empuje de los tlaxcaltecas; un segundo ataque también fue desarticulado, teniendo que replegarse los aztecas y sus aliados.

En estas guerras fue hecho prisionero el legendario Tlahuicole, quien se convirtió en símbolo de la dignidad y de la lucha por la autonomía de los tlaxcaltecas. Como consecuencia de estas guerras, las ciudades-estados de Tlaxcala fueron sometidas a un bloqueo económico, que les impidió comerciar con los pueblos del Golfo y de Centroamérica, así como con los del Valle de México.

Uno de los artículos que por más de sesenta años escaseó en las mesas de las familias tlaxcaltecas fue la sal, pues se les impidió recogerla del lago de Texcoco. Sin embargo, el ingenio tlaxcalteca substituyó la sal con el uso del tequesquite. Ante un bloqueo de esta naturaleza, uno de los rasgos del carácter tlaxcalteca fue la tenacidad para ser autosuficientes. Muchos de los nutrientes provenientes del intercambio comercial, fueron substituidos por el uso de hierbas comestibles y por un incremento de la producción local. En estas circunstancias Xicohténcatl Huehuetl, con los demás señores de la República de Tlaxcala, enfrentaron la llegada de los españoles.

El mito de Quetzacoatl fue común a los pueblos de origen náhuatl, entre ellos los tlaxcaltecas. Según el historiador más antiguo de Tlaxcala, don Diego de Muñoz Camargo, Quetzacoatl, dentro de la concepción religiosa de los tlaxcaltecas, era hijo de su dios Camaxtli, quien desposó a Cuatlicue en su peregrinar por las provincias de Culhuacan, Teotlacohalco y Teohuitznahuac. El vaticinio de su regreso, coincide con la aparición de las primeras expediciones españolas y se convertiría en una catástrofe con la llegada de Hernán Cortés.

Quetzalcóatl.

Cuando Cortés solicitó la venia del Senado tlaxcalteca para transitar por su territorio rumbo a Tenochtitlán, mediante la embajada de cuatro principales zempoaltecas, la mayor oposición a dejarlos pasar provino del senador Xicohténcatl Axayacatzin de Tizatlán, quién gobernaba el señorío con su padre Xicohténcatl-Huehuetl. Xicohténcatl Axayacatzin argumentó en el Senado que el vaticinio de la llegada de los hombres blancos y barbados podía ser un engaño y que esos caminantes del oriente, tal vez no fueran los que esperaban. Dijo, además, "que los castillos flotantes eran resultado del trabajo humano, que se admira por que no se ha visto". Propuso la reunión de los cuatro señoríos "para que mirasen a los extranjeros como tiranos de la patria y de los dioses". Este discurso, contrario a la opinión de Mexixcatzin, señor de Ocotelulco, decidió los enfrentamientos con los españoles.

Cortés penetró al territorio de Tlaxcala por la cañada que hoy se conoce como La Mancera. En Teocanzingo tuvieron su primer enfrentamiento los españoles con las huestes del señor de Tecoac. El 2 de septiembre de 1519, Xicohténcatl enfrentó a Cortés en el desfiladero de Teocantzingo, con resultados adversos. Al día siguiente combatió en los llanos del mismo lugar, sin que viesen coronados sus esfuerzos las armas tlaxcaltecas. La deserción de las divisiones de Ocotelulco y las de Tepeticpac, por las intrigas de Mexixcatzin, disminuyó las fuerzas del Xicohténcatl quién, pensando que los hombres rubios ganaban con el apoyo del sol, intentó vencerlos en una justa nocturna, que también le fue adversa.

El Senado, al conocer esta última derrota, optó por ofrecer la paz a Cortés ordenando a Xicohténcatl Axayacatzin suspender las hostilidades. La paz se hizo en el cerro de Tzompantepec el 7 de septiembre de 1519, concertada en términos de una alianza amistosa entre dos naciones. Si bien los tlaxcaltecas aceptaron el reconocimiento de vasallaje respecto de Carlos V, soberano de España, Cortés les ofreció participar en la dominación de Tenochtitlán, además de respetar la autonomía y las formas de gobierno de la República.

A cambio, los tlaxcaltecas adoptarían la religión católica como única y verdadera, y ayudarían en la conquista y pacificación. Esa unidad geográfica y política daría a lo largo de los años una cohesión e identidad cultural de carácter excepcional, respecto de los pueblos conquistados que más tarde configurarían la Nueva España. La celosa defensa de su autonomía al final de la dominación española, y los primeros avatares por anexarla a Puebla durante la Independencia, serían contenidos por ese espíritu de pertenecer a la República.

Una vez pactada la paz, Hernán Cortés arribó con su ejército a Tizatlán el 23 de septiembre de 1519, alojándose en la casa de Xicohténcatl. Durante 20 días descansó en el territorio de Tlaxcala, donde le fueron obsequiadas varias hijas de los senadores, quienes recibieron el bautismo y la nueva religión.

La escasez de pólvora por los combates que los españoles efectuaron a lo largo de su ruta, les obligó a buscar azufre para su elaboración. Este elemento se encontraba en el cráter del volcán Popocatépetl, montaña que los indígenas consideraban sagrada, por lo cual no habían intentado su ascenso. Cortés envía al soldado Diego de Ordaz para que la escalara y descendiera en el cráter, obteniendo el material requerido. La hazaña dio más prestigio a los españoles ante los indígenas, quienes consideraron al vaticinio como cierto.

Las ventajas de la alianza hispano-tlaxcalteca pronto se dejó sentir con la matanza de la nobleza de Cholula, donde el pillaje dotó a los tlaxcaltecas, aparte de la esperada venganza, de sal, oro, algodón, etc., artículos de los que habían sido privados por el bloqueo.

La incursión española con sus aliados indígenas a Tenochtitlán y hechos conocidos como la Noche Triste, así como el regreso a Tlaxcala, fueron acontecimientos que trastocaron de manera definitiva el mundo indígena. Después de la retirada española, Cortés se hospedó en la casa de Mexixcatzin en Ocotelulco y Alvarado en la de Xicohténcatl-Huehuetl en Tizatlán, mientras Xicohténcatl Axayacatzin trataba de convencer en vano a sus coterráneos para aliarse con Cuitláhuac, quien acababa de ser ascendido al trono de Moctezuma.  Los aztecas también trataron de atraerse a los tlaxcaltecas para que juntos derrotaran y expulsaran a los españoles. Ante esas propuestas, Cortés ofreció a los señores de Tlaxcala parte de los territorios por conquistar. La larga enemistad entre naciones indígenas, que no entre dos pueblos de la misma nacionalidad, fue factor decisivo para que los señores de Tlaxcala mantuvieran la alianza con los españoles.

Las relaciones entre Cortés y Xicohténcatl Axayacatzin fueron difíciles desde sus primeros contactos. Pocos dirigentes indígenas como éste, se dieron cuenta del drama de la conquista. Cuando Cortés estaba en Texcoco para poner sitio a Tenochtitlán, Xicohténcatl dejó el ejército aliado porque contradecía sus convicciones libertarias. Cortés buscó su regreso, pero el orgulloso tlaxcalteca se negó, por lo cual, lo mandó aprehender y ahorcar.

Entre las doncellas que Xicohténcatl-Huehuetl había dado a los españoles destacó la bella Tecuelhuatzi Xicohténcatl, quien había sido bautizada como doña Luisa y dada por esposa a Pedro de Alvarado, a quién acompaño con un séquito de 300 guerreros tlaxcaltecas a la conquista de los territorios de Guatemala, el Salvador, Honduras y el Perú.

A la muerte de Xicohténcatl Axayacatzin le sucedió en el señorío de Tizatlán, Teuhtipitl Tzelecatzin, quien vivió muy poco, quedando a la cabeza del señorío Motenehuatzin Xicohténcatl.  El 13 de agosto de 1521 cayó la gran Tenochtitlán en manos de los españoles. Las nuevas conquistas y descubrimientos que emprendió Cortés contaron con la ayuda de sus aliados tlaxcaltecas, quienes desde la pequeña República se diseminaron por todo el país y Centroamérica.

La rivalidad y el encono entre la República de Tlaxcala y Tenochtitlán, ha sido descrita por el cronista de Tlaxcala, Desiderio Hernández Xochitiotzin, quien comenta que: "la noticia de la caída de Tenochtitlán fue trasmitida por correos-corredores al día siguiente al medio día. El acontecimiento provocó una asamblea en la que los tlaxcaltecas acordaron nombrar a la Virgen María, patrona de la nación tlaxcalteca" también "en honor de este acontecimiento llamaron a su improvisada iglesia y más tarde al convento que se construiría en la ciudad de Tlaxcala, de nuestra Señora de la Asunción, para que cuando ésta subiera al cielo, llevara en sus santos y venerables manos, el acto de gracia a su divino hijo y éste a su vez, entregara al eterno padre, como presente, el derrumbe de la ciudad del demonio que era Tenochtitlán".

Los monumentos que han llegado hasta nuestros días parecerían indicar que los tlaxcaltecas no fueron grandes arquitectos. Sin embargo, debe considerarse que muchas de sus edificaciones fueron destruidas y sus materiales usados para las construcciones civiles y religiosas de la Colonia. Las ruinas de lo que fueron los altares de Tizatlán, nos muestran una técnica avanzada y un manejo de los colores de muy buen gusto.

Diego de Muñoz Camargo dice que Tepecticpac fue mudando su nombre a Texcalticpac, Texcallan y finalmente Tlaxcala. Los viejos cronistas como Bernal Díaz del Castillo y también Hernán Cortés, en sus Cartas de Relación, como otros narradores de la época, llamaron indistintamente ciudad o República a las cuatro cabeceras de la federación tlaxcalteca. Con relación a la ciudad de Tlaxcala,  escribió que: "era tan grande y de tanta admiración, que era mayor que Granada, y mucho más fuerte, de mayores edificios y de mayor población que aquella al tiempo que se ganó y muy abastecidas de maíz, aves, caza, pescado de los ríos y otras cazas buenas de mantenimiento".

Cuenta el conquistador que al mercado principal concurrían diariamente unas treinta mil personas, y que en él había toda clase de víveres, vestidos y calzados, joyas de oro, plata y piedras finas, plumas hermosas, loza muy buena, leñas, carbón, medicinas, barberías y baños. Refiere, en fin, que era tierra de muchos señores e innumerables vasallos con grandes y ricos campos de labranzas. Hernán Cortés confundió la cabecera de Ocotelulco con la "Ciudad de Tlaxcala". Tizatlán conjuntamente con Tepecticpac, Ocotelulco y Quiahuixtlán conformaron la República de Tlaxcala, pero no contaban con una capital en la que se asentara el senado de los cuatro señoríos.

LA COLONIA

Diego de Muñoz Camargo sustenta que la fundación de la ciudad obedeció a la necesidad de los españoles de consolidar su alianza con los cuatro señoríos, dándole unidad a los mismos, mediante la congregación de los principales y sus vasallos, pues de esta manera se introducían las instituciones religiosas, de gobierno y de organización social de los dominadores, para desplazar paulatinamente las correspondientes a los indígenas.

En forma por demás pintoresca, dice el historiador, los señores de la República se bajaron al llano y ribera del río Zahuapan, donde a la manera castellana edificaron grandes y suntuosas casas, de bajos y altos, de cal y canto, y argamasa. La traza de la ciudad, en su concepto, estuvo muy bien repartida, habiendo dejado los espacios adecuados para plazas y calles "por gran nivel y geometría", en la que mucho tuvieron que ver los religiosos de la orden de San Francisco, siendo virrey de la Nueva España don Antonio de Mendoza. Agrega que la fundación de la ciudad ocurrió en una primavera, más o menos cuarenta y cinco años antes de la fecha en la que estaba redactando la relación geográfica del siglo XVI.

De lo anterior se deduce que probablemente la ciudad de Tlaxcala fue fundada en la primavera de 1522. La descripción que el multicitado historiador hace de la ciudad, nos muestra el orgullo de ser tlaxcalteca, así como la identidad que el nuevo centro daba a sus pobladores... "en esta ciudad y llano ....hay una plaza muy principal, cuadrada y muy graciosa ... y en torno de ella muy grandes y hermosos portales de postes de madera muy gruesos, que proceden y asientan en una base de piedras, muy bien labradas... debajo de los portales se encuentran las tiendas que tienen alquiladas los españoles... y al final de ellos, comienza el lienzo de casas", destacando entre éstas, el mesón que atendía al turismo de la época: caminantes y forasteros. Adelante del mesón se encontraba "la cárcel pública" de la ciudad,.. "obra muy fuerte y con todos los cumplimientos necesarios y convenientes"... Descripción especial le merecen "las casas reales".. "que hizo el común para... aposentar a los virreyes y oidores, obispos y otras personas"; se ocupa después de la fuente de agua de ocho columnas, de las que emergen "ocho caños de muy buena agua, continuamente llena del vital líquido donde la gente coge agua para servicio de esta ciudad"; pasa después a describir la picota para la ejecución de la justicia que se encuentra en la plaza.

Comenta el historiador de Tlaxcala que la plaza servía de tianguis, pues ahí se trasladó el mercado de Ocotelulco por instrucciones del virrey don Antonio de Mendoza. El mercado tenía una periodicidad sabatina, y su importancia podía medirse por un solo producto: la grana cochinilla, insecto del que se extrae el tinte para colorear textiles, cuyo comercio alcanzaba la cifra de 200 mil reales anuales; además, se comercializaban cacao, lana, sal, ropa de algodón, gallinas de castilla, patos, liebres, conejos, legumbres, semillas, loza, madera, vigas para casa, tablas, joyeros de oro y plata, mercería, etc.  El consumo de carne en la ciudad era elevado para su época, pues quien ha relatado estos hechos indica que la ciudad consumía entre 14 ó 15 mil carneros, 3 ó 4 mil novillos y 2 mil puercos anualmente.

Después de la descripción de la plaza principal y la vida económica de la ciudad, Diego de Muñoz Camargo traslada su relato a "la plaza de la iglesia". Esta tampoco escapó a la vida comercial, pues en los propios portales se encontraban los españoles que compraban "la grana" a indios, mestizos, negros y mulatos. Las balanzas con sus pesas y "pesos", constituían el mostrador donde regateaban vendedores y compradores. Se admira el historiador, "de la sutileza y maña" de los naturales, quienes no se dejan engañar de los tratantes españoles.

Una vez consolidada la ocupación de la Nueva España, la colonia fue dividida territorialmente en cinco provincias mayores, siendo una de ellas la de Tlaxcala. La provincia era gobernada por un alcalde mayor, del que dependían los cuatro senadores de Tlaxcala. A finales del siglo XVI, el gobierno español elevó la alcaldía mayor a gubernatura con facultades para ejercer actos de justicia, pero con ello también desapareció el Senado tlaxcalteca. En adelante, los senadores fueron llamados simplemente alcaldes mayores. Estos a su vez, tenían la facultad de nombrar un gobernador indígena, quien conjuntamente con los regidores designados por los caciques, integraban el Cabildo o República de Naturales.

Aparentemente la fundación de Puebla de los Angeles, en el territorio que quedó fuera de la jurisdicción de Tlaxcala, puede considerarse como una medida de las autoridades españolas para respetar la propiedad de la tierra en manos de los indígenas tlaxcaltecas; incluso Carlos V expidió un documento el 13 de marzo de 1535, en el que se comprometía a no enajenar a la Corona las tierras de los nobles tlaxcaltecas, ni otorgarlas en merced a nadie. El documento incluía a sus sucesores.  Pese a la promesa, se dieron algunas mercedes que desacreditaron la palabra real. Sin embargo, Tlaxcala fue la provincia de la Nueva España en la que se dieron menos mercedes.

El Cabildo indígena de Tlaxcala se inconformó por la violación de la promesa y en 1552 envío una embajada a Madrid, España, para entrevistarse con el monarca y recordarle los servicios que la provincia había prestado a la Corona española. La embajada llevaba un documento que posteriormente sería conocido como "El Lienzo de Tlaxcala". El documento, aparte de su valor artístico e histórico, recordaba, mediante escenas de la conquista, los servicios que los principales y guerreros tlaxcaltecas habían prestado a la corona, la cual estaba obligada a respetar las promesas, derivadas de tales hechos históricos.

Lienzo de Tlaxcala

Otra embajada fue enviada a España en 1562 exponiendo al monarca la inconformidad del Cabildo indígena, porque no habían sido canceladas las mercedes y, además, por la aparición de estancias que perjudicaban las sementeras de los indígenas. Felipe II no mostró disposición alguna para cancelar las mercedes que demandaba el Cabildo indígena y tampoco para respetar la promesa de su padre Carlos V. Ello no significó que por ese medio los españoles se apropiaran de tierras en Tlaxcala, también fue la disminución de la población que padeció la provincia lo que permitió la apropiación de terrenos por los españoles, vía la confirmación y desarrollo de un mercado de bienes raíces.

La población comenzó a reducirse desde los enfrentamientos con los españoles y con la toma de Tenochtitlán, así como su participación con los capitanes de Cortés en varias expediciones, descubrimientos y conquistas, de las cuales muchos ya no regresaron. Otro factor que influyó en el abatimiento de la población fue la colonización de las regiones mineras, lo que implicó la salida de población a los actuales territorios de San Luis Potosí, Sonora, Coahuila, Texas, etc.

La toma de Tenochtitlán

Siguiendo la actual autopista de San Martín Texmelucan a Tlaxcala, a la entrada de esta ciudad a mano izquierda, aún se observan las ruinas de la capilla de Nuestra Señora de las Nieves, lugar donde se reunieron las carretas en las que se trasladaron al norte del país las 400 familias que fueren a poblar, pacificar y culturizar lo que se conocía en esa época como "la Gran Chichimeca". Todo ello, en su conjunto, provocó igualmente la disminución de la mano de obra disponible para los señores, que dejaban las tierras incultas.

Este éxodo obligó a congregar varias comunidades, perdiendo sus tierras los que tuvieron que cambiar de residencia. Aunque el Cabildo indígena trato de protegerlas, se generó un mercado de bienes raíces propicio para la penetración de los españoles. Estos compraron, alquilaron o simplemente se apropiaron de predios. Otros más habilidosos, se casaron con nobles indígenas y heredaron a sus hijos las propiedades, más tarde convertidas en ranchos. En el siglo XVIII los españoles ya poseían 200 predios de regular tamaño dedicados a la cría y explotación de ganado, introduciendo además los cultivos de trigo y de cebada. El primero para consumo humano y el segundo, para reducir la explotación trashumante en busca de pastos para el ganado.

Con la cultura forrajera las estancias desarrollaron su propia infraestructura, mejorando sus instalaciones. En el campo tlaxcalteca fueron apareciendo amplias y solariegas casas, con numerosas habitaciones y amplios corredores, donde podían observarse arquerías talladas por manos indígenas; capillas para el culto religioso con altares decorados e imágenes escultóricas y lienzos que hablan del refinado gusto de sus propietarios. Asimismo, se construyeron trojes, almacenes, corrales para el ganado, talleres de mecánica para el arreglo de los instrumentos de labranza y pozos profundos para el riego. Gradualmente se fueron transformando en pujantes haciendas y ranchos, cuyos vestigios aún pueden observarse a la orilla de los caminos asfaltados de Tlaxcala.

Pero con las haciendas también llegó la concentración de la propiedad. Para mediados del siglo XVIII, 217 haciendas concentraban poco menos de la mitad del territorio de la provincia. Las condiciones de los trabajadores de las haciendas y ranchos fue de una explotación menos intensa de la que se efectuó en otras provincias de la Nueva España, pues siempre contaron con la protección del Cabildo indígena quien se ocupó de la contratación de los tlaquehuales (trabajadores estacionarios), controlando el pago de tributos que por ellos deberían pagar los hacendados, además de vigilar que no los retuvieran por endeudamientos onerosos.

Exhacienda de San Nicolás El Grande

Además de la producción rural, los indígenas contaban con una larga experiencia en materia textil, el uso y la explotación de la grana de la cochinilla, el caracol púrpura y otros tintes de origen vegetal y animal para colorear sus telas. Esta experiencia fue asimilada por los colonizadores españoles quienes establecieron obrajes textiles donde laboraban un promedio de 40 trabajadores, contratados de manera libre y por un salario determinado. La nueva técnica a través de telares también introdujo el uso de la seda y lana, que años más tarde daría prestigio textil a Tlaxcala por la calidad de sus productos.

La defensa de la fuerza de trabajo, fue otra de las funciones que también ejerció el Cabildo Iindígena. Se opuso permanentemente al trabajo compulsivo y evitó que "las encomiendas y los repartimientos" florecieran en Tlaxcala, como aconteció en el resto de la Nueva España. La única excepción fue la contribución de 800 a 1000 indígenas durante los 16 años que duró la construcción de la catedral de la ciudad de Puebla, entre 1532 y 1548, cuando la presión de los españoles ante el virrey, doblegó al celoso Cabildo tlaxcalteca, quién a cambio de la aportación de mano de obra, obtuvo la concesión de suspender la entrega del tributo de 8000 fanegas anuales de maíz.

En el caso de los terrazgueros, indígenas carentes de tierras, el Cabildo los dotó de parcelas pero evitó que fueran convertidos en tributarios de la real hacienda, como era la disposición en toda la Nueva España. De esa manera también protegía sus intereses beneficiando a la nobleza tlaxcalteca, quien se veía fortalecida con nuevos tributarios de las casas señoriales.

Hacienda de Santa Agueda

Como ya se observó, las embajadas del Cabildo indígena a España no tuvieron los efectos deseados, pues los monarcas no cumplieron cabalmente las promesas de otorgar los privilegios a la provincia de Tlaxcala. En 1591, la corona española se propuso crear una flota de buques de guerra que hicieran frente a los grupos de piratas y corsarios que infestaban los mares, para financiarla impuso a sus vasallos una contribución de 4 reales.  El Cabildo consideró que por ser una contribución especial, únicamente la pagaría por dos años, disposición que disgustó al Virrey, quién de manera autoritaria los obligó a continuar el pago año con año. Sin embargo, en 1597 las cosechas fueron bajas, por lo que el Cabildo suspendió el pago de la contribución apelando al Consejo de Indias. El Virrey ordenó en 1599 el embargo de los bienes del Cabildo, hasta que se pagara la contribución que ya alcanzaba la cifra de 21 600 reales.

A las cargas anteriores, se sumó la voracidad del clero español que crecientemente aumentó gravámenes, a través de mandas y mayordomías, que terminaban traduciéndose en la confiscación de las propiedades territoriales de los indios, pasando dichas tierras a manos de los españoles que las transformaban en haciendas. Entre los gravámenes más onerosos se recuerda la contribución de Tlaxcala para la recepción del Virrey, que procedente de España, iba de paso a la ciudad de México, y cuyo costo alcanzaba la cifra de 14 000 reales. A estas cargas administrativas, se agregarían calamidades como las heladas de 1691 que fueron sumamente graves, disminuyendo sustancialmente la producción agrícola. El desabasto provocó que tres mil indígenas se amotinaran frente a las casas reales, demandando la salida del gobernador español Manuel Bustamante y Bustillos. La oportuna huida de éste impidió su linchamiento, pero no se evitó que los sacerdotes que trataban de sofocar la sublevación, fueran apedreados por el pueblo e incendiaran las casas reales, incluyendo el archivo de las mismas.

En 1694 y 1697 se volvieron a presentar hambrunas que acarrearon epidemias, muriendo un número importante de habitantes de Tlaxcala. Como si estos desastres no fueran suficientes, el río Zahuapan se salió de su cauce en 1701, derrumbando casas y anegando sementeras. En la mañana del 16 de agosto del mismo año, los habitantes fueron despertados por un sacudimiento sísmico que afectó las construcciones de la ciudad, entre ellas, las bellísimas casas reales. Los males no cedieron. Todavía en 1717 una plaga de langostas devastó las cosechas que estaban a punto de levantar los hombres del campo, provocando escasez, que se tradujo en un inusitado crecimiento de precios de los productos de consumo básico de la población.

Si los desastres del siglo XVIII fueron insuficientes para menguar el ánimo de los tlaxcaltecas, todavía les esperaba otro mayor. En efecto la preciada autonomía se pierde. A raíz de las reformas borbónicas, que reestructuran la organización social y política de la Nueva España, en Tlaxcala desaparecen el gobierno autónomo y la hacen depender de la Intendencia de Puebla. La medida se aplicó durante la presencia en Tlaxcala del visitador José Galvéz. La injusta reforma administrativa fue enmendada, en parte, el 2 de mayo de 1793, cuando Tlaxcala se separa de la Intendencia de Puebla, con un gobernador militar, independiente del intendente, hasta 1821.

Afortunadamente no todo fueron problemas para la población de Tlaxcala durante la colonia. La presencia de los franciscanos atemperó las dificultades propias de la época e impulsó la evangelización y la cultura, con esclarecidos varones como Fray Toribio de Benavente, mejor conocido como Motolinía, Fray Jerónimo de Mendieta y Fray Diego de Valadés, quienes enseñaron a la infancia y a la juventud de Tlaxcala en el viejo convento de San Francisco.

Capilla abierta del exconvento  Franciscano, donde inició la evangelización de los naturales de Tlaxcala

SIGLO XIX

Independencia y Reforma

Ante la debilidad de la monarquía española para enfrentar la ocupación napoleónica, la Junta Central Gubernativa convocó a las provincias americanas a elegir diputados que las representaran en las Cortes de Cádiz. Tlaxcala no fue llamada por tener un gobierno de excepción. Sólo la tenacidad del Cabildo Indígena, que nuevamente invocó los servicios prestados a la Corona y los privilegios que ésta le otorgó, entre ellos el de "Ciudad Insigne, Muy Noble y Muy Leal", corrigieron el olvido.

Tlaxcala eligió a los hermanos Manuel y Miguel de Lardizabal y Uribe, descendientes de vascos y al doctor José Miguel Guridi y Alcocer, quienes participaron en la elaboración de la Constitución de Cádiz y en honor de la cual, la ciudad de Tlaxcala designó a su plaza de armas como "Plaza de la Constitución".  La constitución de Cádiz consignaba en su capitulado referente al municipio, que deberían convocarse a elecciones aquellas poblaciones que los habían tenido y con base en un determinado número de habitantes.

Interior del antiguo mesón real del gobierno indígena, construidoen 1551. Hoy Palacio de Gobierno

Fueron numerosos los tlaxcaltecas que participaron en el movimiento de Independencia al lado de los ejércitos de Hidalgo, Morelos y Guerrero. Entre los tlaxcaltecas que se incorporaron a las fuerzas insurgentes se recuerda a Miguel Serrano, Juan Cortés, Antonio Arroyo y Vicente Gómez. En esta pléyade, sobresale la figura del cura Mariano Matamoros, si bien nacido en la ciudad de México, fue hijo de José Matamoros y de Mariana Guridi, originarios de Ixtacuixtla, Tlaxcala. Las acciones bélicas entre insurgentes y realistas no fueron mayores por la presencia de la guarnición realista de Puebla, que inhibió los enfrentamientos con los insurgentes.

Las simpatías de los habitantes de la ciudad de Tlaxcala por la causa de la Independencia, quedaron manifiestos el 16 de abril de 1821, cuando abrieron sus puertas al general insurgente Nicolás Bravo, quien era perseguido por el Coronel Hevia, pese a la oposición del gobernador español Agustín González de Campiño, quien había fortificado y guarnecido la plaza. Ante la sorpresiva actitud de los tlaxcaltecas, Hevia detuvo la persecución y se retiró a Tulancingo, lo que le permitió a Nicolás Bravo aumentar sus contingentes, mejorar su artillería, abastecerse de parque y bastimentos para sus tropas.

Durante la regencia y el efímero imperio de Agustín de Iturbide, no hubo cambios substanciales en la organización política de México. A la caída del emperador se convocó a un Congreso Constituyente en 1823, que se proponía dar a la Nación una forma de organización política republicana, mediante la federación de estados soberanos. Sorpresivamente, la diputación poblana solicitó que en el Artículo VII del proyecto de constitución, Tlaxcala fuese anexada al estado de Puebla, argumentando que la primera no contaba con los recursos para erigirse en una entidad federativa. Los enemigos de Tlaxcala, usaron los periódicos "El Sol" y "El Aguila Mexicana", para publicar artículos calumniosos que definían a Tlaxcala como un conjunto de ruinas formadas en el recodo de un río, sin potencialidades productivas.

El resurgimiento de la tendencia anexionista que ya había fracasado durante la administración colonial, tenía su fuente de sustentación en los obrajeros, comerciantes, hacendados y parte del clero de Tlaxcala, en su mayoría de origen español o criollo, con intereses más cercanos a Puebla. El Ayuntamiento de Tlaxcala, conjuntamente con los de Chiautempan, Nativitas, Teolocholco, Xaltocan y Zacatelco, conminaron a sus representantes ante el Congreso, para que defendieran a Tlaxcala como un Estado Libre y Soberano dentro de la Unión. La batalla en el Congreso y en los medios periodísticos la dieron los diputados Blázquez, Romero, Amador, González de la Cruz, Reyes y Zimerman bajo la estrategia política que diseñó Joaquín de las Piedras, Jefe Político de Tlaxcala.

El prestigiado legislador don José Miguel Guridi y Alcocer, protestó enérgicamente ante el Congreso por la pretensión de Puebla y de los malos hijos de Tlaxcala, logrando frenar las ambiciones mezquinas de los anexionistas. Después de una larga y prolija discusión, Tlaxcala no fue anexado como parte del estado de Puebla, quedando como territorio de la Federación. En 1836 cuando los estados fueron transformados en departamentos, el territorio de Tlaxcala quedó incluido dentro del Departamento de México, hasta el mes de mayo de 1847, en que Tlaxcala recobra su calidad de territorio.

En 1853, Santa Ana regresa a la Presidencia de la República, mediante una asonada. En marzo de 1854 don Juan Alvarez proclama el Plan de Ayutla que se propone derrocar a Santa Ana y restablecer el régimen federal. Al año siguiente el abogado tlaxcalteca Guillermo Valle y sus partidarios, se adhieren al Plan de Ayutla y al triunfo de éste, es reconocido como Jefe Político de Tlaxcala, integrando un Consejo de Gobierno y expidiendo un estatuto orgánico con carácter provisional, a través del cual se propone organizar políticamente el territorio tlaxcalteca.

Con el triunfo del Plan de Ayutla se convocó a un Congreso Constituyente. Tlaxcala envió dos representantes, quienes llevaban al seno del legislativo la vieja demanda de que se le considerara como estado libre y soberano dentro de la Unión, y no sólo como un territorio. El diputado Mariano Sánchez hizo una amplia defensa histórica de la lucha tlaxcalteca por obtener su autonomía, así como una exposición en la que demostraba la solvencia económica y social de la entidad. En sesión solemne del 9 de diciembre de 1856, los legisladores aprobaron por abrumadora mayoría la propuesta de que Tlaxcala dejará la condición de territorio y asumiera la de estado libre y soberano. Por fin, después de muchos avatares en su lucha por la autonomía, la tenacidad y la razón histórica se impusieron felizmente. Al año siguiente, Guillermo Valle fue electo gobernador del estado por el Congreso Constituyente de Tlaxcala.

Las inconsistencias del general Ignacio Comonfort, desautorizando la Constitución de 1857, lo llevó a disolver el Congreso Federal y a encarcelar a distinguidos liberales, lo que dio pié para que los reaccionarios lo desconocieran como Presidente de la República, mediante el Plan de Tacubaya que firmaba el General Felix Zuluaga, provocando un periodo de inestabilidad que se conoce como la Guerra de Tres años.

Guillermo Valle se pronunció a favor de la rebelión y disolvió el Congreso. Su Secretario General de Gobierno, Miguel Lira y Ortega, con una fracción de la legislatura disuelta, se levantó en armas a favor del régimen constitucional. Guillermo Valle renuncia a la gubernatura quedando como sustituto Manuel Saldaña. Los conservadores designan un Jefe Político y declaran a Huamantla capital de Tlaxcala. Las blusas rojas del anticlerical Antonio Carvajal, empezaron a ser conocidas en los llanos de Apan, así como los guerrilleros de Doroteo León, quienes combatieron a los conservadores hasta el triunfo de los liberales, lo que permitió la entrada del Presidente Benito Juárez a la ciudad de México, el 10 de enero de 1861. En Tlaxcala, en marzo de ese año, el Congreso llamó a ocupar la gubernatura a Manuel Saldaña.

La declaración de la suspensión de pagos de la deuda nacional por el gobierno del Presidente Benito Juárez, fue usado como pretexto por Napoleón III para provocar la guerra de intervención contra México. Durante esta guerra se distinguió desde las primeras acciones el general Antonio Carvajal y sus tropas tlaxcaltecas, quienes derrotaron al general imperialista Leonardo Márquez en las inmediaciones de Atlixco, Puebla, impidiéndole apoyar a las tropas del general Lorencez, que se aprestaban a tomar la ciudad de Puebla, donde el general Ignacio Zaragoza les infringiría una cabal derrota, el 5 de mayo de 1862.

Plaza a Juárez

Posteriormente, Tlaxcala fue tomada y ocupada por el ejército invasor en 1863, saliendo el gobierno de Saldaña hacía la sierra norte de Puebla, donde ya se encontraba el general Miguel Lira y Ortega al frente de los patriotas de Tlaxcala. Durante la administración imperial fue nombrado Jefe Político Ignacio Urmaechea y Ernaíz, quien agregó los municipios de Zacatlán, Chignahuapan y Tetela a Tlaxcala, por instrucciones del gobierno imperial. Se consideró que su anexión favorecía la estrategia militar de las armas imperiales, obviamente con la oposición y protesta de los poblanos.

Miguel Lira y Ortega desde la sierra norte de Puebla tuvo que aliarse con la población serrana en defensa de la República, haciendo a un lado viejas rivalidades. Poco a poco lograron controlar Huamantla y Apizaco, proponiéndose recuperar la ciudad de Tlaxcala. Los contingentes tlaxcaltecas participaron no sólo en la defensa de la ciudad de Puebla y en otros enfrentamientos en su territorio, sino en los estados vecinos, hasta que lograron establecer un cerco sobre la capital del estado que se encontraba ocupada por las fuerzas intervencionistas. El 1º de enero de 1867, las fuerzas republicanas recuperan la plaza de Tlaxcala, haciéndose cargo de la gubernatura y de la comandancia militar de manera interina Miguel Lira y Ortega. Después de este triunfo, los tlaxcaltecas se incorporan al Ejército de Oriente al mando de Porfirio Díaz, quien se propone tomar la ciudad de Puebla. Los primeros en escalar los edificios conventuales fueron los tlaxcaltecas, distinguiéndose el Coronel Aubery, quien arrancó del Palacio de Gobierno el pabellón imperialista.

Una vez concluido el sitio de Querétaro y habiendo regresado los poderes a la ciudad de México, Tlaxcala se engalanó para recibir a los soldados tlaxcaltecas que habían participado en la Guerra de Intervención. La recepción fue el 5 de julio de 1867. La presencia del Ejército de Oriente le había otorgado cierta influencia a Porfirio Díaz en Tlaxcala, quien intentó intervenir en la sucesión gubernamental. Benito Juárez evitó la intromisión y dejó que el pueblo de Tlaxcala decidiera a favor del liberal Miguel Lira y Ortega, quien ganó las elecciones para el periodo 1868-1872.

Poco después, en 1873 hace su aparición en el escenario político un joven soldado que había participado en la guerra de intervención francesa, Próspero Cahuantzi, quien fue electo para desempeñar el cargo de regidor del Ayuntamiento de Tlaxcala.

La administración de Miguel Lira y Ortega fue de pacificación y recuperación para la maltrecha economía tlaxcalteca. Promulgó una nueva Constitución en la que incluía las Leyes de Reforma; expidió la Ley de Educación Primaria; creó nuevos municipios y dio amplio apoyo a la construcción de vías férreas. Se incorporó Tlaxcala a la nueva tecnología textil con el establecimiento de 6 nuevas fábricas de hilados y tejidos. Dedicó además parte substancial del presupuesto a la apertura y mantenimiento de caminos. Lira y Ortega apoyó al Presidente Benito Juárez contra los intentos de Porfirio Díaz para desplazarlo del poder ejecutivo. A la muerte de Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada impone a Melquiades Carvajal en la gubernatura, saliendo Miguel Lira y Ortega a un exilio voluntario hacia Puebla.

El Porfiriato

A la muerte de Juárez se profundizaron las fisuras entre el viejo grupo liberal, enfrentándose lerdistas y porfiristas. Entre los partidarios de Porfirio Díaz se distinguía Próspero Cahuantzi, quien había combatido al lado del General Díaz y de Manuel González durante la guerra de intervención francesa.

La rebelión de Tuxtepec tuvo su culminación en la batalla de la hacienda de Tecoac, donde los porfiristas derrotaron a lerdistas y, como consecuencia de ello, Melquiades Carbajal fue desplazado de la gubernatura, misma que fue ocupada por tres gobernadores interinos. Al asumir la Presidencia de la República, el general Porfirio Díaz permitió el regreso del liberal Miguel Lira y Ortega a la gubernatura, como un gesto de acercamiento con los viejos juaristas y, además, porque necesitaba el prestigio de ese liberal.

Porfirio Díaz compensó al otro candidato, Próspero Cahuantzi confirmándole el grado de Coronel, además de hacerlo diputado local para el bienio 1877-1879. Poco después Próspero Cahuantzi ascendería al poder. Su gestión está llena de claroscuros. La eficacia administrativa de este soldado del pueblo lo llevó a diseñar un proceso de industrialización inusitado para su época, que consistió en la promoción para la instalación de varias fábricas textiles y otras industrias de transformación, así como la modernización de la agricultura.

Industrialización en Tlaxcala

Su administración había heredado de Miguel Lira y Ortega y de Benito Juárez, dos importantes vías de comunicación: el Ferrocarril Interoceánico que tenía una estación en Calpulalpan, y el Ferrocarril Mexicano con estaciones en Apizaco y Huamantla. Este contaba, además, con un ramal que partiendo de Apizaco pasaba por Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala y Puebla. Los hacendados pulqueros del norte del estado fueron beneficiados con el ferrocarril porque pudieron enviar su producto a la ciudad de México, lo mismo que los empresarios textiles, ya que disminuyeron los costos de transportación y el tiempo para sus envíos.

En conjunto, hacendados y empresarios se dieron a la tarea de construir más de 40 ramales de ferrocarril mediante tracción animal, que conectaban sus empresas con las estaciones de las líneas ferroviarias, llegando a tener una extensión nada despreciable de 260 kilómetros, lo que indica la importancia que tuvo este medio de comunicación para el desarrollo de Tlaxcala. Los pequeños talleres arsenales de velas, cerillos, vidrio, fundiciones de fierro, loza, papel, aguardiente, aceite, jabones, etc., se fueron transformando en pequeñas y medianas empresas, que junto con las unidades textiles, indicaban que la entidad había un proceso de industrialización, aún cuando la producción agropecuaria seguía siendo predominante en la economía tlaxcalteca.

SIGLO XX

La Revolución Mexicana

La administración del coronel Próspero Cahuantzi, también impulsó la obra pública, mediante la construcción de kioscos, remozamiento de plazas, apertura de calles, construcción de mercados, puentes y edificios públicos. Por ejemplo: el Ayuntamiento de Tlaxcala sustituyó el antiguo alumbrado público de petróleo con la luz incandescente, quedando mejor iluminada la Plaza de la Constitución, el mercado y parte de la avenida principal. Por esos años, también fue remodelado el Palacio de Gobierno y, en 1906, el gobierno del estado adquirió, por la suma de dos mil pesos, el teatro Xicohténcatl, ubicado en la avenida Juárez.

Pronto este inmueble fue escenario de suntuosos bailes, donde se presentaban las compañías españolas de zarzuela que iban de paso de la Habana a la ciudad de México; conciertos de música clásica, amén de la celebración de actos políticos. Pero de manera especial, ahí se presentó en varias ocasiones la compañía Rosete Aranda de Huamantla, considerados los mejores titiriteros de la República Mexicana.

La educación también fue motivo de preocupación en esta larga administración. Entre sus aciertos debe considerarse la fundación del Instituto de Estudios Científicos y Literarios de Tlaxcala, además de la construcción de edificios para las escuelas primarias, incrementando el número de maestros y la matrícula escolar. Otra de las obras educativas que vale la pena recordar fue la Academia de Música, que permitió la sistematización de los conocimientos musicales de los tlaxcaltecas.

Rafael Anzures, entonces presidente municipal de Tlaxcala, se dio a la tarea de construir un canal que condujera las aguas del río Zahuapan desde Apetatitlán, hasta la confluencia con el río de Los Negros, para generar energía eléctrica que se aprovechara en el alumbrado de la capital del estado. Estos esfuerzos fueron coronados el 16 de septiembre de 1910, cuando el gobernador Próspero Cahuantzi inauguró la presa construida en la granja de Apetatitlán, que alimentaba al acueducto de la planta eléctrica. En 1906, los municipios de Tlaxcala, Apizaco y Huamantla, quedaron comunicados telefónica y telegráficamente.

Acueducto

Pero no todo fue exitoso en la larga administración cahuantzista. Preocupado por tener mayores ingresos, el gobernador elevó las contribuciones a los productores de pulque, provocando enfrentamientos con este sector. Los pulqueros alegaban que sus contribuciones eran mayores que las de los hacendados cerealeros. También los pequeños y medianos propietarios dedicados a la producción de autoconsumo se sintieron afectados por incrementos en el impuesto predial.
Cahuantzi tuvo el mayor problema en materia de ingresos con los causantes del impuesto predial, quienes desencadenaron en 1897 un movimiento de grandes dimensiones, propiciando que desde 1897 hasta 1905 fueran amparados por el poder judicial. El líder del movimiento Andrés García, fue asesinado mediante la Ley Fuga, aparentemente por instrucciones del propio gobernador.

Ante al descontento de la mayor parte de los sectores sociales, el Coronel Próspero Cahuantzi empezó a advertir que los equilibrios sociales que había establecido desde el siglo pasado, empezaban a cambiar sin encontrar la forma de reestablecerlos. El libro La Sucesión Presidencial, escrito por Francisco I. Madero, empezó a circular en Tlaxcala en 1908. En la obra se hace una severa crítica del régimen porfirista. La lectura de esta obra y la lucha contra el impuesto predial y por mejores condiciones de vida, dieron origen a la formación de una conciencia antirreleccionista en la entidad, que desembocó en la formación del Partido Antirreleccionista de Tlaxcala, que desde principios del mes de mayo de 1909, funcionaba en la ciudad de México.

Los fundadores del Partido Antirreleccionista de Tlaxcala fueron Juan Cuamatzi, Marcos Hernández Xolocotzi, Antonio Hidalgo, Diego y Trinidad Sánchez, Severiano Pulido y otros. En las principales poblaciones se establecieron secciones de la organización política que se denominaron centros antirreleccionistas. Por otra parte, los antirreleccionistas locales reconocían el liderazgo regional de la Junta Revolucionaria de Puebla que dirigía Aquiles Serdán. La Junta Revolucionaria acuerda levantarse en armas tanto en Puebla como en Tlaxcala el día 26 de mayo de 1910.

Los revolucionarios de Santa Cruz Tlaxcala y de otras poblaciones, se concentran en Contla y apresan al Presidente Municipal Nicolás Reyes, quien escapa al pasar por Apetatitlán donde hay un enfrentamiento con la policía. Los revolucionarios sorpresivamente recibieron órdenes de la junta revolucionaria de suspender el alzamiento hasta nueva indicación. Juan Cuamatzi y sus seguidores se dirigieron al cerro Blanco donde acordaron disolverse en pequeños grupos y esperar nuevas instrucciones.

El 20 de noviembre, como señalaba el Plan de San Luis, los pueblos se levantaron en armas y el país se convirtió en una pradera encendida. Próspero Cahuantzi se dio cuenta que las cosas iban más allá de una simple algarada pueblerina por lo que, el 1º de febrero de 1911, viajó a la capital de la República para pedir al presidente Porfirio Díaz que no fueran retiradas las fuerzas federales que resguardaban Tlaxcala. Por otra parte, solicitó al Secretario de Guerra que le fueran proporcionados cien fusiles con sus respectivas dotaciones de municiones. La Secretaría de Guerra accedió a su petición, pero con cargo al presupuesto de Tlaxcala.

Las fuerzas federales en Tlaxcala se propusieron descabezar el movimiento, mediante la captura de Juan Cuamatzi. En dos ocasiones lo persiguieron hasta la Malitzin, sin éxito. Sin embargo, fue sorprendido en Xaltehulco por el 29 batallón, al mando del tristemente célebre coronel Aureliano Blanquet. Cuamatzi y sus seguidores le hicieron frente, pero al terminárseles las municiones decidieron dispersarse. Cuamatzi herido se ocultó en el pueblo de Papalotla, donde fue capturado y se le fusiló en un lugar entre Panzacola y Xicoltzinco, junto con Felipe Hernández, Luciano Berruecos, Anastacio Castro y Antonio Flores.

La muerte de Juan Cuamatzi no detuvo la avalancha revolucionaria. Fuerzas rebeldes atacaron el 7 de marzo la hacienda de San Juan Mixco, cercana a la capital, pero ante el avance del primer regimiento de rurales, fueron hacia Puebla por el rumbo de Texmelucan. Simultáneamente fueron atacadas otras plazas.
El 16 de marzo, Porfirio Díaz expidió un decreto suspendiendo las garantías individuales.

El 1 de abril de 1911, en su informe de gobierno, el coronel Próspero Cahuantzi tuvo que reconocer que la paz y la seguridad pública estaban siendo perturbadas por el partido maderista. La aprehensión del líder maderista Diego Sánchez, tampoco disminuyó el ánimo de los revolucionarios, por lo que el gobernador Próspero Cahuantzi reforzó los destacamentos de Chiautempan, Zacatelco, Tlaxco, Calpulalpan y Apizaco, además de adquirir 150 fusiles más, marca Remington de 7 ml. y 12 500 cartuchos para los mismos.

Los comerciantes, empleados del gobierno del estado y de la federación, financiaron una fuerza armada para defender la capital, pues las tropas federales salían con frecuencia a batir a los diversos núcleos revolucionarios que proliferaban en el interior del estado. El ejemplo de los capitalinos fue seguido por los rancheros y hacendados, quienes se comprometieron a mantener una fuerza armada que atendiera la seguridad de las propiedades agrícolas.

Estos esfuerzos fueron inútiles, pues el 21 de mayo de 1911, se firmó en Ciudad Juárez el Tratado de Paz entre los representantes del gobierno porfirista y de la revolución maderista. El 25 de mayo renunciaba a la Presidencia de la República el general Porfirio Díaz, y el 30 del mismo mes pedía licencia por tiempo indefinido el gobernador Cahuantzi, designándose gobernador interino al hacendado de origen irlandés Diego L. Keneddy.

A la caída de Cahuantzi, los maderistas de Tlaxcala lograron ganar las elecciones llevando a la gubernatura al dirigente obrero Antonio Hidalgo, quien abanderó un programa que incluía la devolución de las tierras de las haciendas a las comunidades indígenas, la creación de colonias campesinas para los trabajadores del campo carentes de tierras, la exención del pago del impuesto predial a las pequeñas propiedades y condiciones salariales más justas para los obreros y trabajadores del campo.

También se propuso la desaparición del cuerpo de rurales, brazo represor del viejo régimen. Ante el sorprendente triunfo de los maderistas tlaxcaltecas, la élite desplazada formó la Liga de Agricultores orientada a cohesionar a los propietarios rurales mediante un sistema uniforme de raya que evitara la competencia entre ellos, pero el objetivo político era derrocar al gobernador Antonio Hidalgo. A principios de 1913, Hidalgo intentó llevar a la práctica una huelga de peones en las haciendas que fracasó al retirarle su apoyo el presidente Madero, circunstancia que aprovechó la Liga de Agricultores, para frenar el programa agrario del gobernador. La decepción cundió entre sus partidarios perdiendo popularidad y las bases de apoyo que lo habían convertido en líder político.

En esos momentos ocurre la caída y martirio del presidente Madero y del vicepresidente Pino Suárez, y la usurpación de Victoriano Huerta. Los dirigentes maderistas fueron las primeras víctimas de los revanchistas de la Liga de Agricultores. Muchos maestros, empleados y obreros fueron despedidos por su filiación maderista, otros fueron incorporados por la leva al ejército huertista, algunos más fueron asesinados como José Rumbia, secretario particular de Antonio Hidalgo.
Los maderistas que pudieron escapar, regresaron a la resistencia armada en guerrillas que terminaron aceptando el liderazgo de Máximo Rojas, quien al incorporarse al ejército constitucionalista fue designado gobernador provisional y comandante militar de Tlaxcala.

Durante la lucha de facciones a nivel nacional, surgen fisuras entre los revolucionarios tlaxcaltecas. Pedro M. Morales, expresidente del partido maderista, se incorpora a las filas de Francisco Villa y Domingo Arenas a las de Emiliano Zapata. Sólo Máximo Rojas se mantuvo firme en las filas del ejército constitucionalista, quien transforma el viejo partido Maderista en el Partido Liberal Constitucionalista Tlaxcalteca. Domingo Arenas observó con más cuidado los acontecimientos.

En diciembre de 1916, abandonó las filas zapatistas reincorporándose a las del constitucionalismo. Don Venustiano Carranza lo nombra comandante militar de la Cuenca del Alto Atoyac en Puebla y Tlaxcala. Tanto Máximo Rojas como Domingo Arenas, se dedicaron a intervenir las propiedades de los enemigos de la Revolución, es decir de los más connotados miembros de la Liga de Agricultores. Pero Domingo Arenas fue más allá, repartió haciendas y ranchos en las regiones bajo su mando sin mayor trámite burocrático, practicando los ideales agraristas que le eran propios.

Dentro de las filas carrancistas, Domingo Arenas no fue bien visto por su radicalismo agrario. Las presiones que ejercían los miembros de la Liga de Agricultores políticos cercanos al varón de cuatro ciénegas, para detener el reparto agrario en Tlaxcala, hicieron mella a Don Venustiano Carranza, quien de alguna manera le hizo llegar a Domingo Arenas su descontento por las acciones agraristas. Domingo Arenas buscó nuevamente a los zapatistas, quienes no olvidaban su defección. Los zapatistas simularon recibirlo nuevamente en sus filas, pero en realidad le tendieron una trampa asesinándolo en una reunión que sostenía con el general Geldardo Magaña, a quien culparon los arenistas del asesinato de su líder.

En 1917, Venustiano Carranza ordenó al gobernador provisional, general Daniel Ríos Zertuche, regresar las tierras a los hacendados. Este general no pudo cumplir los deseos del Presidente de la República, porque los pueblos se opusieron a regresar las haciendas con las armas en la mano, y porque el mismo general estaba convencido de la justeza del reparto agrario, incluso llegó a emitir un decreto que llevaba a la práctica el proyecto de Antonio Hidalgo, consistente en la creación de colonias agrícolas con parcelas de 5 a 15 hectáreas en las haciendas intervenidas. Las parcelas fueron pagadas por los colonos en abonos, mientras que los propietarios recibieron bonos del gobierno del estado.

Ríos Zertuche fue sustituido por el general Luis M. Hernández. Este gobernador provisional, aceleró el reparto agrario creando más de 90 comités agrarios que demandaban la legalización del reparto ejecutado por Domingo Arenas. Para cubrir el expediente con Venustiano Carranza, el general Luis M. Hernández trasladó fuera del estado a las tropas que habían estado bajo el mando de Domingo Arenas. Sin embargo, los arenistas que lidereaban los pueblos, ganaron las presidencias municipales y algunas diputaciones locales, por lo que no fue posible desactivar el movimiento agrario.

En la sucesión gubernamental se enfrentaron los grupos de Máximo Rojas y de Domingo Arenas. Los primeros postularon como candidato a gobernador al mismo Máximo Rojas, bajo las siglas del partido Liberal Constitucionalista Tlaxcalteca, mientras que los arenistas postularon a Anastasio Meneses uno de los lugartenientes más queridos de Domingo Arenas, del Partido Liberal Tlaxcalteca.

Venustiano Carranza consideraba a Máximo Rojas como un mal menor dentro del radicalismo tlaxcalteca, por lo que dio instrucciones al gobernador provisional, general Luis M. Hernández, para que inclinara en favor de ese líder el fiel de la balanza. Las elecciones fueron competidas y amañadas, pues solamente con el apoyo militar del gobernador provisional, Máximo Rojas, pudo tomar posesión del cargo de gobernador, en mayo de 1918.

Es indiscutible que durante los años de la lucha armada, la producción en el campo y la ciudad descendió. Sin embargo, para 1920 la producción agrícola e industrial inició su recuperación en condiciones diferentes a las que habían prevalecido en el antiguo régimen. El movimiento laboral y agrario gestado en Tlaxcala, como consecuencia de la Constitución de 1917, acabó con el autoritarismo de los hacendados y empresarios, quienes tuvieron que aceptar las jornadas laborales de 8 horas, salarios justos y otras prestaciones de carácter social.

Pese a ello, los hacendados del sur y del centro del estado presionaban a Carranza para que la administración de Máximo Rojas devolviera las tierras que había repartido Domingo Arenas. Pero Rojas no estaba dispuesto a expulsar a los agraristas, quienes demandaban la legalización de sus dotaciones, porque además de que compartía los ideales agraristas, se proponía ganarse la voluntad de los arenistas.

La escisión entre Carranza y Obregón dividió a los grupos de Rojas y Arenas. Máximo Rojas tuvo que salir del estado dejando en el gobierno a Ignacio Mendoza. Quienes no se unieron a los obregonistas quedaron desplazados, e incluso, personajes como Antonio Hidalgo de filiación obregonista, fueron marginados de la sucesión gubernamental.

Mendoza maniobró para que Rafael Apango fuera candidato al gobierno del estado por el Partido Liberal Constitucionalista. Los arenistas a través del Partido Liberal Tlaxcalteca, postularon a Antonio Mora quien, al ser derrotado, se levantó en armas, uniéndose a Cirilo Arenas hermano de Domingo Arenas. La captura y el fusilamiento de Mora y Arenas en Calpulalpan, además de la muerte de Máximo Rojas por los rebeldes delahuertistas, ayudó a consolidar el poder del grupo de Ignacio Mendoza, quien sería gobernador con el apoyo de su antecesor, Rafael Apango.

Época Contemporánea

En 1927, la ciudad de Tlaxcala empieza nuevamente a estabilizarse después de los hechos bélicos. Sus barrios, San Buenaventura, Atempan y San Gabriel registran una población de seis mil habitantes. Poco a poco la ciudad recobra su vida normal. La Escuela Normal Mixta apenas contaba con 66 alumnos, cuando la planta magisterial del estado era de 216 profesores, de los cuales sólo 32 eran titulados. Justiniano Aguillón de los Ríos, se hace cargo de la Dirección General de Educación a fin de establecer la política educativa de la Revolución en Tlaxcala.

Al concluir su periodo Ignacio Mendoza en 1929, es electo como gobernador Adrián Vázquez. Este gobernador expidió el decreto No. 121 de fecha 10 de mayo de 1932, por el cual la ciudad de Tlaxcala se denominó Tlaxcala de Xicohténcatl. Como consecuencia de este decreto, se encargó al escultor Lorenzo Alvarado hacer la estatua de tan distinguido personaje para instalarla en la Plaza de la Constitución. Pese a que estos tres gobernadores no fueron connotados agraristas, la propia inercia del proceso de reforma agraria los llevó a repartir entre 1920 y 1933, 53 870 hectáreas, beneficiando a 20 900 campesinos, casi la mitad de la población económicamente activa ocupada en el campo.

Campesinos Tlaxcaltecas.

Apango, Mendoza y Vázquez no estaban convencidos del reparto agrario, porque observaron que los ingresos fiscales eran insuficientes para atender a una población que en 1940 llegaba a los 224 063 habitantes y quienes demandaban más y mejores servicios de educación, salud, transportes, agua potable y alcantarillado. La transformación de la tenencia de la tierra de pequeña propiedad en ejidal provocó la disminución de los ingresos. Por ello, se resistían a repartir las haciendas que eran productivas y pagaban impuestos. Otra fuente de ingreso provenía de las diezmadas fábricas textiles, de los molinos de nixtamal y de trigo, así como de las fábricas de vidrio, papel, loza, destilerías, etc.

Los tres gobernadores intentaron mejorar la economía local, mediante la construcción de caminos que estimularan la actividad comercial. Apango impulsó la carretera Chiautempan-Tlaxcala, mientras que Mendoza y Vázquez mejoraron varias más, entre ellas la de Tlaxcala-San Martín Texmelucan. También en su época fueron electrificadas la mayoría de las cabeceras municipales del estado.

Las discrepancias entre Plutarco Elías Calles y el presidente Pascual Ortíz Rubio, en torno al sucesor de Vázquez, propiciaron tensiones que debilitaron al grupo de Mendoza, siendo desplazados por un antiguo arenista, Adolfo Bonilla, quien contendió con las siglas del Partido Reconstructor Antirreleccionista, derrotando al candidato mendocino, mismo que fue postulado por el Partido Socialista. Adolfo Bonilla de filiación callista perdió influencia durante el enfrentamiento entre el presidente Lázaro Cárdenas y el expresidente Plutarco Elías Calles. Al terminar su periodo, le sucedió Isidro Candia quien contaba con el apoyo de Manuel Santillán, Secretario de industria y Comercio en el gabinete del general Cárdenas.

Isidro Candia amplió la base campesina de su gobierno, gracias a las nuevas disposiciones del Código Agrario que permitían a los peones acasillados demandar la dotación de tierras. En su primer año de gestión, fueron afectadas 70 haciendas pulqueras del norte del estado, repartiéndose 38 000 hectáreas. Candia advirtió, igual que sus antecesores, que el déficit presupuestario se tornaba crítico, por lo que intentó atraer capitales para el fomento de la industria, mediante una Ley de Fomento Industrial que exentaba de impuestos municipales y estatales a las nuevas industrias que se establecieran en Tlaxcala. La Ley de 1937 por si sola, no fue capaz de atraer empresarios, en la medida en que estos esfuerzos no fueron acompañados de una política de promoción industrial.

Dado que Candia mantenía una vieja amistad con el gobernador de Puebla, Maximino Avila Camacho, apoyó la candidatura del general Manuel Avila Camacho. Al triunfo de éste, dejó el gobierno del estado para asumir la jefatura del Departamento de Asuntos Indígenas. El Congreso del estado eligió como gobernador interino al secretario general de gobierno, Joaquín Cisneros Molina. Al concluir su periodo se convocó a elecciones para gobernador, mismas que ganó Manuel Santillán.

Durante la gestión de Manuel Santillán se mejoró el catastro, se amplió la educación secundaria y preparatoria y se realizó un amplio programa de obras públicas en la ciudad de Tlaxcala, dándole una dimensión urbana propia de una capital del estado. Su intento de influir en la sucesión gubernamental provocó su caída, terminando su período el Lic. Mauro Angulo (1944-1945). A este gobernador le sucedió Rafael Avila Bretón para el periodo 1951-1957. Siguieron dos periodos administrativos que cubrieron Felipe Mazarraza y Joaquín Cisneros.

Cuando Anselmo Cervantes (1963-1969) asume la gubernatura de Tlaxcala, los viejos problemas hacen crisis. Estos se manifiestan en la invasión de tierras por campesinos que presionaban para llevar hasta sus últimas consecuencias la Reforma Agraria. En 1969 llega el general Ignacio Bonilla al gobierno del estado, quien muere al año siguiente, siendo substituido por Crisanto Cuéllar Abaroa. Tras un breve interinato, el Congreso designó gobernador substituto al Dr. Luciano Huerta. Durante su periodo la inestabilidad en el campo estuvo a punto de desbordarse.

Entre 1940 y 1980 la población de la entidad se duplicó, llegando a 547 200 personas. De ese total, más de las dos terceras partes vivían en el campo. Aproximadamente el 50% de la población era menor de 15 años, por lo que se acentuaba una fuerte presión sobre la tierra.

La Reforma Agraria había sustituido al régimen de la hacienda y había creado la base de subsistencia de las familias, las cuales fueron dotadas con parcelas ejidales cuya extensión alcanzaba un promedio de cuatro hectáreas. Los minifundistas contaban con una hectárea por familia. Algunas propiedades fueron denunciadas como latifundios simulados, por lo que a fines de 1972 fueron afectadas, destacando Santa María Zoapila, Sultepec, Piedras Negras, el Rosario y Mazioahuiz, beneficiando a 750 campesinos.

En estas condiciones asume la gubernatura de Tlaxcala el Lic. Emilio Sánchez Piedras, quien se propone llevar a la práctica una política de modernización de las bases de la economía tlaxcalteca. Con una amplia claridad, percibió que la solución al problema de las invasiones de tierras se encontraba fuera del sector agrícola, pues se requería como mínimo un millón de hectáreas para satisfacer la demanda de los campesinos sin tierras.

No había esa tierra disponible en Tlaxcala, incluso, si se hubiera puesto en práctica una política de adquisición de tierras privadas. Sánchez Piedras atemperó los conflictos agrarios, mediante una política de ampliación de la planta industrial, de tal manera que las fábricas se renovaran industrias de transformación y mejoraran los talleres familiares y artesanales de maquila.

Parque Industrial Xicohténcatl

Así, con un programa de largo plazo, Sánchez Piedras convenció a un importante número de industriales acerca de la conveniencia de invertir en Tlaxcala. Con esos propósitos funda en 1977 el Instituto para el Desarrollo Industrial y Turístico de Tlaxcala. Durante su gestión se instalaron 250 empresas en los parques industriales construidos en 8 municipios, los cuales generaron 33 200 empleos. Tlaxcala es, desde entonces, un ejemplo de la política de descentralización industrial.

PERSONAJES ILUSTRES

Tlahuicole
Nació en el año de 1497, en el seno de una distinguida familia otomí que vivía en esta región.  Tuvo la misma educación que recibían los hijos de los nobles: conocimientos generales y en el arte de la guerra, estudió en el Calmecac y el Tepochcalli. En una de tantas batallas cayó prisionero de los huexotzincas en una ciénega y como trofeo se lo llevaron enjaulado de regalo a Moctezuma que estaba en México. Moctezuma le dio la libertad pero sucedió que Tlahuicole no aceptó la libertad y entonces Moctezuma lo nombró capitán, para derrotar a los purépechas. Moctezuma quería que Tlahuicole le combatiera a las gentes de los pueblos de Tlaximaloyan, Acámbro y Tzinapecuaro, pueblos de los rumbos de Michoacan. Aunque Tlahuicole y sus hombres no pudieron ganar tierras, por lo menos llevaron a los mexicanos plata y cobre como botín de guerra.

Monumento a Tlahuicole

Tlahuicole ganó fama de atrevido, valiente y temido guerrero, en su calidad de capitán provisional de los aztecas o mexicanos. Cuando llegó a México, Moctezuma nuevamente le dio libertad para que volviera a su tierra tlaxcalteca y también le ofreció que se quedará como capitán de su ejército. No acepto ni una cosa ni otra. No quiso quedarse como capitán azteca por no traicionar a Tlaxcala, y no quiso regresar a su tierra natal porque eso significa una falta de honor, pués según la costumbre si un hombre caía preso en la guerra, tenía que vencer o morir. Y así, Tlahuicole le dijo a Moctezuma que prefería la muerte. Tlahuicole fue atado a una rueda de piedra y con gran silencio y respeto comenzó a luchar contra sus contrincantes, uno a uno. Tal era su fuerza que antes de morir mató a más de ocho hombres e hirió a más de veinte. Así terminó la vida de este joven guerrero tlaxcalteca que murió tal vez a la edad de 25 o 30 años.

Xicohténcatl de Axayacatzin
Xicohténcatl el joven, como se le conoce, nació en el año de 1484, fue hijo y heredero legítimo de Xicohténcatl el padre, señor de Tizatlán  y uno de los más gloriosos héroes de Tlaxcala. Enemigo acérrimo de los españoles, votó por combatirlos y los atemorizo al enfrentárseles con un gran ejercito en septiembre de 1519. Enseguida invitó a Cortes a pasar al Señorío de Tizatlán. El ejercito español, acompañado de Xicohtencatl  Axayacatzin, entró a Tizatlán entre el 18 y el 23 de septiembre de 1519. Más tarde Xicohtencatl  Axayacatzin capitaneó las fuerzas Tlaxcaltecas que acompañaron a los hispanos a la conquista de Tenochtitlan.

Cuando Hernán Cortés se encontraba en Texcoco dispuesto a tomar la capital Azteca, Xicohtencatl se aparto del camino señalado, se cree que para conseguir provisiones. Por tal motivo lo acusaron de traición. Cortés logró que la Señoría de Tlaxcala permitiera que se le apresara y ahorcara, lo cual se hizo cerca de Texcoco el 12 de Mayo de 1521. Sus cuantiosos bienes fueron adjudicados a la corona española y los tlaxcaltecas se repartieron su ropa como reliquia. “Alto de cuerpo y de gran espalda y bien hecho y la cara tenía larga e como hoyosa y robusta era hasta treinta y cinco años y el parecer demostraba en su persona gravedad”, así describe el historiador y el soldado de la Conquista, Bernal Díaz del Castillo al joven Xicohtencatl.

Monumento a Xicohténcatl  de Axayacatzin.

Diego Muñoz
Fue hijo del conquistador del mismo nombre y de una india cuyo nombre se ignora. No se sabe cuándo nació pero nos dicen que fue por el año de 1529. Se cuenta también que su nacimiento pudo haber tenido lugar en Tlaxcala. Luego fue a vivir a México y unió su vida a la de Leonor Vázquez, india noble de Ocotelulco y con ella tuvo dos hijos. Muñoz Camargo es uno de los historiadores cuya vida encierra algunos misterios. Basta darnos cuenta de las confusiones que provocan su lugar y fecha de nacimiento; también provoca incertidumbre el no saber cuándo ni como murió exactamente. Trabajo como intérprete oficial del gobierno colonial, combinando esta labor con otra: la de escritor.

Así se ve que en sus apuntes señalo la importancia que los cuatro señoríos llegaron a tener y cómo a partir de aquí, llegaron a ser esenciales en la estructura del gobierno colonial indio. El trabajo del intérprete bilingüe consistía en la traducción oficial (al español) de documentos y testimonios que había que dar a conocer a la Corte. No es una casualidad pues, que Diego Muñoz Camargo haya acompañado a la comisión tlaxcalteca formada por representantes de Ocotelulco, Tizatlán, Quiahuixtlán y Tepectipac, que salió hacia España para hablar con Felipe II, sobre algunas cédulas reales que tenían que ver con la colonización de otras tierras. A consecuencia de ello, en 1591, Diego y otros personajes importantes partieron al frente de las 400 familias tlaxcaltecas para colonizar el norte de México, dando vida al pueblo de San Miguel Mezquitic de la Nueva Tlaxcala Tepeticpac, que hoy pertenece al estado de San Luis Potosí.

General Domingo Arenas
El General Domingo Arenas nació en Santa Inés Zacatelco en 1888. Valiente Revolucionario, ha sido llamado “El villa de Tlaxcala”. Contó con la Ayuda del general Porfirio Bonilla y fue uno de los primeros maderistas, jefe de la división  Arenas, combatió durante tres años a los constitucionalistas, a cuyas filas ingresó más tarde. Participo en el asalto y toma de Puebla. En 1915, en Zacatelco, fue el primero que integró un comité agrario para la repartición de tierras. Murió asesinado y además fue decapitado en Metepec, cerca de Atlixco, Puebla, en 1917.

Juan Cuamatzi
Nació en 1871. Trabajo en el pueblo artesanal de San Bernardino Contla.  A los 22 años de edad en 1901, sus paisanos lo eligieron regidor suplente. Poco después, en 1906, cuando había que elegir al nuevo ayuntamiento y a los jueces locales, no pudieron llevarse a cabo las elecciones, ya que el pueblo estaba dividido en dos bandos. Se realizaron nuevas elecciones resultando triunfadora la planilla rebelde encabezada por Esteban Romero para presidente y en la que Juan Cuamatzi figuraba como primer regidor propietario. En rechazo a esta fórmula, el gobierno del estado mandó a apresar al presidente Romero, para doblegar al resto de los municipios. Pero sucedió lo contrario, pues éstos obligaron al gobernador Cahuantzi a reconocer como presidente municipal al señor Juan Cuamatzi.

Comenzó a recibir instrucciones revolucionarias de don Aquiles Serdán para que se levantara en armas en mayo de 1910. Juntando grupos armados de varios pueblos formaron una columna de alrededor de 300 hombres. Sin embargo, fracasaron en su intento al ser avisado el gobierno de lo que ocurría. Además, cuando se disponían a avanzar sobre Tlaxcala, recibieron una contraorden de don Aquiles Serdán para que aplazaran el levantamiento hasta nuevo aviso. Cuamatzi se replegó hacia las faldas azules de la Malintzi esperando la orden de bajar con sus nombres hacia Puebla.

La espera fue en vano pues don Aquiles Serdán fue asesinado. Entonces en homenaje al héroe caído, Cuamatzi bajó de la montaña hasta San Luis Teolocholco, para interrumpir las comunicaciones ferroviarias entre Apizaco y Puebla. Hizo su campamento en el rancho de Xaltelulco, donde fue atacado por los rurales del coronel Cruz Guerrero. Viendo Cuamatzi, que no tenía parque y que había sido herido, huyó y se refugió en Papalotla en donde lo atraparon. Lo llevaron primero a Puebla, luego lo regresaron a Panzacola y sin haberle hecho un juicio justo, Cuamatzi y cinco de sus compañeros fueron fusilados ahí, en febrero de 1911.

Próspero Cahuantzi
Próspero Cahuantzi nació en 1834.  En 1879 se realizaron las elecciones en Tlaxcala, para elegir gobernador del estado. Don Próspero Cahuantzi resultó electo por voluntad popular en 1885. Cuando ocupó su puesto como gobernador del estado, manifestó estar de acuerdo con la política porfirista. Así, trabajó para promover la cultura y ante todo, la enseñanza. Sin embargo las poblaciones pobres recibieron muy pocos beneficios.

Durante su mandato remodeló el Palacio Municipal de Tlaxco, así como edificios públicos, puentes, caminos y escuelas. Su periodo duró 25 años, como era usual en los tiempos de don Porfirio Díaz, jefe político de don Próspero Cahuantzi. Don Próspero, defendiendo con lealtad al general Porfirio Díaz, reprimió fuertemente a los inconformes, Domingo Arenas, Máximo Rojas, Isabel Guerrero, Juan Cuamatzi, se opusieron al gobierno y recibieron castigo. En 1911 el movimiento maderista derrocó a Porfirio Díaz y en Tlaxcala cayó el gobierno de Cahuantzi. Este se retiró a la vida privada en la ciudad de México, pero poco después, en 1914, el revolucionario Pancho Villa lo aprehendió y lo llevó detenido a Chihuahua. Murió preso en ese estado.

Coronel Porfirio de Castillo
El coronel Porfirio de Castillo nació en Puebla en 1884 y estudió en la normal de esa ciudad. En 1910 ingresó en el club Regeneración y mas tarde en la Junta Revolucionaria de Puebla y Tlaxcala. Combatió bajo las ordenes del general Arenas. Fue secretario del gobernador de Tlaxcala, Máximo Rojas. En 1915 el Presidente Carranza lo nombro Gobernador de Tlaxcala. Como tal, clausuró el Instituto Científico y Literario de Tlaxcala y fundo la Escuela Normal de Maestros . Inicio una campaña educativa que lo llevo a acrecentar el número de escuelas primarias. Formo la primera comisión agraria en la identidad. Colaborador suyo fue el coronel Meneses, uno de los ideólogos de la revolución.

Miguel Guridi y Alcocer
En la provincia de Tlaxcala, cuando nuestro país todavía era una colonia de España, nació Miguel Guridi y Alcocer en  poblado de San Felipe Ixtacuixtla, era el año 1763. En el año de 1810, cuando tenía 47 años, la Nueva España estaba inquieta por los primeros brotes de insurgencia, viajó a España donde permaneció durante unos dos años y llego a ocupar la presidencia de la Corte de Cádiz. Desde allá, él y otros personajes sentaron las bases legales para la libertad de opinar y escribir sobre cualquier tema en la Nueva España, contribuyó a la redacción de una constitución política, misma que sirvió de base para la primera constitución de nuestro país, la de 1824.

Guridi y Alcocer regresó en 1819, cuando se vivía lo más intenso de la guerra de Independencia, No pasó mucho tiempo cuando fue nombrado diputado por Tlaxcala. Como gran político que era, formó parte de la Soberana Junta Provisional Gubernativa que se estableció luego de que el Ejército de las Tres Garantías hicieran su entrada triunfante a la ciudad de México.

Don Miguel Guridi y Alcocer participó en el Congreso Constituyente Nacional de 1823-1824, después de la caída del emperador Iturbide. Guridi y Alcocer firmó la primera constitución federal de la República Mexicana el mes de Octubre de 1824. En estas jornadas luchó con pasión y entrega por elevar la provincia de Tlaxcala a la categoría de estado federal.

General Máximo Rojas
El General Máximo Rojas nació en San Francisco Papalotla, Tlaxcala, en 1881. Apoyó la  publicación del periódico La Nueva República. Representó a Tlaxcala en la convención de jefes revolucionarios. En 1915,fue diputado al congreso local revolucionario. Ocupó la gubernatura del estado por tres veces. Con su brigada Leales de Tlaxcala peleó en numerosos encuentros. Siendo Gobernador promulgó, el 16 de septiembre de 1918, la Constitución Política del Estado. En 1920 se adhirió al Plan de Agua Prieta, que desconocía a Carranza  , y el mismo año renuncio como gobernador pero fue reelecto más tarde. Impulso las Artes graficas y el periodismo, y se ocupó del problema educativo. Murió en 1924 en San Juan de los Llanos en un combate contra la rebelión de la huertista, al  que lo envió el general Álvaro Obregón.

Trinidad Sánchez Santos
Nació en el año de 1859. Fue su madre doña Ana Josefa Santos y su padre don Mariano Sánchez, el político tlaxcalteca que contribuyó a que la Constitución de 1857 reconociera a Tlaxcala como estado. Su labor periodística fue muy destacada, ya que en sus escritos daba a conocer las injusticias que se cometían contra la gente del pueblo. En ese tiempo era muy difícil criticar al Gobierno, pues la mayoría de los periodistas se deshacían en alabanzas para los gobernantes, ya sea para quedar bien o por temor a recibir un castigo. Trinidad Sánchez Santos fue un escritor que se decidió a usar el arte de la poesía, el cuento y otras formas literarias para beneficio del pueblo. El medio más propio para hacerle llegar su arte al pueblo resultó ser el periodismo.

Hay un par de libros que se titulan Obras selectas y que fueron escritos por ese gran tlaxcalteca. Su forma de escribir no sólo era valiente, sino también sencilla y bella.  Era además un orador político admirable. Tuvo grandes enemigos, fue perseguido y encarcelado. Murió en el año de 1912. En su honor, el municipio de Zitlaltepec lleva orgullosamente su nombre.

Miguel Lira Ortega
Miguel Tiburcio Valeriano de Lira y Ortega fue su nombre completo, pasó la infancia en la ciudad de Tlaxcala. Este hombre nacido del 12 de Abril de 1827. Como político promovió leyes y decretos en favor del pueblo tlaxcalteca. Fue considerado como uno de los principales asesores del primer Congreso Constituyente del Estado, en 1857. Pocos años después se destacó como gran hombre de lucha en el campo de batalla, lo que le mereció los rangos de teniente coronel primero y coronel después. Como secretario General de Gobierno estableció la existencia de juntas directivas de educación primaria, para hacer frente al problema educativo, ya que más de la mitad de la población del Estado no sabía leer ni escribir.

Promovió también la Ley de Elecciones de Ayuntamientos, con el fin de que ciudadanos participaran en las decisiones del Ayuntamiento, pero sobre todo, promovió la Primera Constitución Política Local, con lo cual Tlaxcala sería considerada como Estado. Quiso la voluntad del pueblo tlaxcalteca que don Miguel Lira y Ortega fuera gobernador del Estado dos veces. El se oponía con fuerza a la reelección, es decir, no aceptaba que una persona pudiera ser gobernante por dos periodos. Sin embargo, su destacada labor hizo que el pueblo lo eligiera nuevamente. Llegó entonces por segunda vez a la gubernatura, en 1877. Pero cuando se dio cuenta de que algunos grupos políticos pretendían que se autorizaran las reelecciones de presidentes y gobernadores, don Miguel Lira y Ortega presentó su renuncia al cargo, en 1879.  Su corazón dejó de latir en el año de 1882, a la edad de 55 años.

Estanislao Mejía Castro
Nació en el año de 1882. Gran músico que formó parte de la banda de música de la policía del Distrito Federal y fue trompetista de la orquesta del Conservatorio Nacional de Música. Fue fundador y director de la facultad de música de la Universidad Nacional Autónoma de México y director del Conservatorio Nacional de Música. Murió en el año de 1967.

Andrés Angulo
Nació en el año de 1885. Revolucionario quien, lucho con los generales Domingo Arenas y Máximo Rojas. Además fue médico homeópata, periodista e historiador. Preparó y publicó la sexta  edición de la Historia de Tlaxcala de Muñoz Camargo. Murió en el año de 1959.

Miguel N. Lira
Nació en año de 1905. Juez, poeta, periodista y escritor destacado, fundó su propia imprenta y fue autor de corrido como Manuel Acuña y Domingo Arenas, de novelas como la escondida, que se llevó al cine, de poesía, Tlaxcala ida y vuelta, Segunda soledad, en el siglo del olvido, de teatro, vuelta a la tierra, Linda, Carlota de México, El diablo volvió al infierno. Murió en al año de 1961.

Román Saldaña Oropeza
Nació en año de 1886. Educador e historiador. Nació en Santa Ana Chiautempan, obtuvo su título de maestro en el Instituto Científico y Literario. Se doctoró en filosofía y letras. Por sus ideas revolucionarias fue privado de sus cátedras. Ejerció luego en la ciudad de México y en otros estados. En 1952 fue condecorado con la medalla “ Altamirano” por sus 50 años de maestro. Autor de varias obras históricas y literarias y colaborador de diversas revistas y periódicos. Murió en año de 1955.

Ezequiel M. Gracia
Nació en año de 1891. Ilustrador de libros, revistas y periódicos; fue autor de folletos e innumerables artículos históricos y culturales.

Crisanto Cuellar Abaroa
Nació en  1901. Político revolucionario, periodista, historiador, iniciador de múltiples publicaciones como Huytlale y Tlaxcala cultural. Autor de libros poéticos e históricos como Flores silvestres, Poemas de la revolución, Sellos y malacates tlaxcaltecas, Bibliografía de Tlaxcala, entre otros. Murió en al año de 1970.

Cástulo Sánchez Contreras
Nació en 1873. Escritor y periodistas, autor de Apuntes Históricos de San Miguel Arcángel y de su aparición en San Miguel de Milagro, Memorias de la ciudad de Apizaco y otros títulos. Murió en 1966.

Candelario Reyes Flores
Nació en 1895. Investigador e historiador, conferencista, maestro. Autor de Historia de Tlaxcala (no publicada) y La ciudad de Apizaco. También escribió una biografía de Juan Cuamatzi y muchas obras de carácter local y nacional. Murió en 1979.

Efraín Hernández Xolocotzi
Nació en 1913. Investigador en biología, catedrático, autor de importantes estudios como Tazas de maíz en México, entre otros.  Especial mención dentro de las letras merece el periodismo. A partir de 1930 se publicó Tlaxcala, órgano de información y cultura, en 1945, la Voz de  Tlaxcala y en 1950 El Heraldo de Tlaxcala. En 1962 la revista Huytlale, la revista Cuna y, un poco después, Tlaxcala cultural. En 1964 se publicó Tlaxcala y al año siguiente El pueblo. Hoy día se publican los periódicos El Sol de Tlaxcala, La noticia y El Vespertino. La Universidad Autónoma de Tlaxcala edita la Revista  Universitaria  y el semanario Voz Universitaria. El grupo editorial Tlaxcala publica la revista Estatus y el semanal Juicio de Hoy.

José Agustín Arrieta
Este artista nació en Santa Ana Chiautempan,  en el año de 1802.  Al transcurrir los años se había dado a conocer ya como pintor de las costumbres y tradiciones del pueblo. Los temas principales de su obra fueron los sentimientos populares, entre sus cuadros más importantes figuran: Puestos de Aguas Frescas, Interior de Pulquería, La Sorpresa y La China Poblana. Además de sus bodegones, pintó imágenes de santos para adornar el interior de los templos y una gran cantidad de cuadros religiosos. En homenaje a este gran pintor nacido en Tlaxcala en 1949, se abrió una sala de pintura a la que se dio el nombre de Agustín Arrieta en el Barrio del Artista, en la ciudad de puebla y en Chiautempan, su ciudad natal hay un monumento en su honor. Murió en diciembre de 1874, dejando abierto el camino a la pintura mexicana.

Francisco Rosete Aranda
Nació en Huamantla, estado de Tlaxcala, en 1900. Formó parte de una familia dedicada al espectáculo de los títeres que alcanzó gran fama en nuestro país y en el extranjero desde 1835. Su trabajo continuo hasta 1947, es decir, duró más de cien años. A los 25 años de edad, don Francisco pasó a hacerse cargo de la compañía. En ese tiempo la Carpa contaba con 5,000 muñecos. Los espectáculos que presentó la familia Rosete Aranda eran muy variados, tenían los bailes típicos, el circo, cuadros históricos, corridas de toros, cuentos infantiles y muchos más.

Con el tiempo llegó el cine, la televisión y otros tipos de espectáculos. Las caricaturas, las telenovelas y las películas de aventuras fueron haciendo poco a poco de lado a los añejos títeres. En 1990, poco antes de su muerte, asistió al Estado de Zacatecas como invitado de honor, para, en compañía del gobernador de aquel estado y del C. Presidente de la República, inaugurar el Museo Del Títere. Ese mismo año, la C. Gobernadora del Estado, Lic. Beatriz Paredes Rangel ofreció todo su apoyo para abrir en Huamantla el Museo Nacional de Títeres.

Desiderio Hernández Xochitiotzin
Nació en 1922. Escritor y uno de los mejores pintores tlaxcaltecas  contemporáneos más notables. Nació en Santa María Tlacatecpac, del pueblo de San Bernardino Contla. Comenzó sus estudios en la ciudad de Puebla, donde más tarde ingresó en la escuela de Bellas Artes. Realizó exposiciones pictóricas tanto en México como en el extranjero. Figura relevante del muralismo. Ha sabido interpretar la historia de su pueblo en las paredes del Palacio de Gobierno de la ciudad de Tlaxcala, en al escuela Revolución de Apizaco y en la iglesia de Tepeyanco. Su pintura de caballete es rica en temas costumbristas y paisajistas. Pero no sólo es un gran pintor, es un artista versátil: hace dibujo para realizar diversa artesanías en hojalata, hierro, textiles, madera, cerámica, etc.

Desiderio Hernández Xochitiotzin

CRONOLOGÍA DE HECHOS HISTÓRICOS
Año
Acontecimientos
Época Prehispánica
1519
El Consejo de Tlaxcala estaba formado por: Maxixcatzin, señor de Ocotelulco considerado como el señor principal. Seguía en importancia Xicohténcatl el viejo, jefe de Tizatlán; Tlahuexolotzin de Tepeticpac y Citlalpopocatzin, de Quiauixtlán.
La Colonia
1520
El 22 de diciembre, Hernán Cortés expidió en Tlaxcala las primeras ordenanzas de los ayuntamientos de la Nueva España.  
1525
El Papa Clemente VII ordenó la fundación de la ciudad novohispana de Tlaxcala bajo el siguiente decreto; "que se erige en ciudad la de Tlaxcala para la Nueva España y su iglesia en Catedral para un obispo que gobierne y administre". De igual manera se le privilegió al nombrársele sede del Primer Obispado de la Nueva España, otorgándosele además un Escudo de Armas con el título de "Ciudad Muy Noble y Muy Leal".
1545
La corona española dejó que Tlaxcala se gobernase a través de cada uno de los cuatro señores que se turnaban en el mando e integraban el Consejo, que luego se convirtió en un cuerpo municipal llamado Regimiento, que fue a su vez transformado por el primer Virrey de la Nueva España en cabildo indígena, con un gobernador al frente que se elegía cada dos años y al cual seguían en importancia los cuatro señores, con igual poder político y el título de regidores perpetuos.
1590
El virrey Luis Velazco el Joven, auxiliado por el gobernador español de Tlaxcala, Alonso de Nava, y los frailes franciscanos Gerónimo de Zárate y Jerónimo de Mendieta, negocia con el cabildo de Tlaxcala el traslado de 400 familias tlaxcaltecas a la Gran Chichimeca.  
1591
Se establecieron una serie de convenios y se anunció públicamente en Tlaxcala, el 2 de febrero, la partida de los futuros colonos y el nombre de sus capitanes: dos caciques principales por cada una de las cuatro cabeceras. La primera caravana en partir es la de Ocotelulco, encabezada por don Lucas de Montealegre y don Miguel Casas Ehcapitzactzin; el día 7 parten los de Tizatlán, con don Buenaventura de Paz y don Joaquin de Velazco al frente; el día 9, tras una demora de dos días como señalan las fuentes, por no haber podido juntar sus gentes, parten los contingentes de Quiauhuixtlán y de Tepeticpac, que son representados por don Luis o Lucas Telles y don Diego Ramírez, y don Francisco Vázquez y don Joaquín de Paredes respectivamente.
El Constitucionalismo
1823
Se declaró a Tlaxcala provincia de México. En este año se elaboró el primer proyecto de Constitución en México realizado por el Congreso Mexicano, bajo la presidencia del tlaxcalteca doctor Miguel Guridi y Alcocer, triunfando la corriente política federalista.
1824
4 de octubre de 1824, el Acta Constitutiva de la nación Mexicana cambió la antigua división de México en provincias y dio vida al federalismo, marcando el ámbito de la autoridad federal y el de los estados. En la Constitución de 1824, quedó pendiente la situación de Tlaxcala hasta que el decreto del 24 de noviembre del mismo año, la declaró territorio federal, gracias a las gestiones de Guridi y Alcocer, apoyado por el jefe político de Tlaxcala, Joaquín de las Piedras y otros más.
1836
Antonio López de Santa Anna, encabeza un régimen centralista, quien dispone de manera arbitraria que el Estado de Tlaxcala, disminuya en jerarquía política pasando a formar parte del "Departamento de México" en calidad de distrito, integrado a su vez por tres partidos: Huamantla, Tlaxcala y Tlaxco. Los llamados "Departamentos" sustituían en la administración centralista la división federalista de "Estados".
1853
Tlaxcala se adhirió al Plan de Hospicio, adoptando por ese hecho la categoría de Estado, pero al asumir Santa Ana la dictadura, en marzo del mismo año, se volvió a considerar territorio hasta el 9 de noviembre de 1856.
El militar tlaxcalteca, oriundo de Apetatltlán de Antonio Carvajal, apoyó el Plan de Ayutla. Se quemaron los retratos de Santa Ana en un motín en la Plaza de la Constitución de la ciudad de Tlaxcala. El jefe político, general Joaquín de los Reyes, huyó por las azoteas de las casas consistoriales. El licenciado Guillermo Valle, elegido jefe de la rebelión, se encargó del gobierno del territorio.
1857
En la Constitución de 1857, se elevó a Tlaxcala al carácter definitivo de Estado, en sus artículos 43 y 45. El licenciado Guillermo Valle se convirtió en el primer gobernador constitucional del Estado Libre y Soberano de Tlaxcala, apoyado por el Coronel Miguel Lira y Ortega, instalándose el Congreso local que a fines de septiembre de ese año, dio su primera Constitución Política a Tlaxcala.
1859
Carvajal, al frente de su ejército llamado "Blusas Rojas" atacó a los conservadores en forma continua, estableciendo su cuartel general en la fortaleza del Cerro Blanco desde donde dominaba las poblaciones de Tlaxcala, Apetatlitlán y Chiautempan y prestó ayuda al Gral. González Ortega y a tros jefes militares. Carvajal logró tomar las ciudades de Celaya, Salamanca y San Juan de los Lagos, con ayuda del general tlaxcalteca Juan Mendieta.
1860
27 de enero, Carvajal sufrió una derrota en Huamantla. El 20 de febrero del mismo año, fue ascendido al grado de general por el presidente Juárez. En marzo derrotó al jefe Orozco en las lomas cercanas al Cerro del Aguila, al noroeste de la ciudad de Tlaxcala. En abril obtuvo otra victoria en Tezoyo, Hidalgo. El 26 de mayo entró a la ciudad de Pachuca, ocupó luego Calpulalpan; su brigada fue de las primeras en entrar a la ciudad de México.
1862
En la lucha contra el imperio de Maximiliano, destacaron los generales Doroteo León, Miguel Lira y Ortega, Antonio Rodríguez Bocardo, Antonio Carvajal y Pedro Lira.
La Invasión Francesa
1863
Por razones de control militar el presidente Juárez agregó a Tlaxcala el municipio de Calpulalpan, segregándolo del estado de México.  
Principio y Fin del Imperio de Maximiliano
1868
5 de mayo, Lira y Ortega promulgó la Constitución Política de Tlaxcala, reformada. Lira adelantándose varias décadas al Congreso de Querétaro, eleva al municipio al nivel de cuarto poder del Estado, dándole autoridad y autonomía para fijar sus atribuciones; además, escribió la obra titulada: El Poder Municipal, en la cual trata de la organización del municipio, sus atribuciones, etc., con gran visión política.
La Industria Textil en Tlaxcala
1876-1901
Se fundan en Tlaxcala las primeras fábricas textiles. Las principales: cuatro en el municipio de Xicohténcatl, rumbo a la ciudad de Puebla, a quince kilómetros de ella y fueron: La Josefina, El Valor, La Tlaxcalteca y La Alsacia. Dos en el municipio de Santa Cruz Tlaxcala: La Trinidad y San Manuel. Dos en el de Amaxac de Guerrero: Santa Elena y La Estrella y cerca de la población de Apizaco: la fábrica San Luis, todas situadas en la ruta del ferrocarril mexicano México-Veracruz o en ramales del mismo. Sin embargo no se abandonó del todo la antigua tradición de las fábricas de lana, en Santa Ana Chiautempan.
Siglo XX
La Revolución Mexicana
1907
Se inicia el descontento popular contra el régimen porfirista de Cahuantzi, destacando el movimiento acaudillado por Andrés García, secundado por Juan Cuamatzi en Contla. Poco después se crearon sindicatos, centros liberales de ideas revolucionarias y partidos antirreeleccionistas.
1910
Juan Cuamatzi, en unión de Marcos Hernández Xolocotzi y Adolfo Ramírez, todos precursores de la revolución en Tlaxcala, se levantaron en armas el 26 de mayo , antes que otros en la República, al mando de 200 campesinos y obreros, intentando tomar la ciudad de Tlaxcala.
Movimiento Obrero
1914
Se integró el Ejército Constitucionalista Tlaxcalteca, al mando de caudillos como Máximo Rojas, Porfirio Bonilla, Domingo Arenas y otros más. Por un decreto del general constitucionalista Pablo González, dado en Puebla el 3 de septiembre , se abolieron las deudas de los peones, artesanos, mozos y empleados de las haciendas y ranchos de Puebla y Tlaxcala.
Movimiento Agrario
1915
Tlaxcala fue de los primeros estados en aplicar la ley del 6 de enero de 1915 acerca de la reivindicación de los derechos de los pueblos sobre la tierra, y en el mismo año, el coronel Anastacio Morales por iniciativa de Domingo Arenas, ofreció repartir tierras. Chiautempan fue declarada capital provisional del Estado.
1916
El 4 de febrero, el gobernador coronel Porfirio del Castillo apoyado la reforma del artículo 100 de la Constitución federal, procedió a adoptar el municipio libre, administrado por un ayuntamiento, como base de la división territorial y de la organización política de los estados. El 12 de junio, el gobernador interino Antonio M. Machorro expidió la Ley Orgánica para efectuar por primera vez elecciones municipales directas.
1918
16 de septiembre, fue promulgada la Constitución del Estado Libre y Soberano de Tlaxcala.
1975
Durante el régimen del gobernador Emilio Sánchez Piedras se remodelaron la capital y otras ciudades, multiplicándose las obras de riego. Se apoyó notablemente la industrialización del estado, con la creación de nuevas fuentes de trabajo que contribuyeron a disminuir el desempleo. Asimismo se inauguraron la Universidad Autónoma de Tlaxcala y el Instituto Tecnológico Regional de Apizaco
Reforma Municipal
1995
Se crean 16 municipios más en el Estado de Tlaxcala resultado de la centralización económica y política por parte de las cabeceras municipales hacia las localidades. Fundamentalmente la creación de nuevos municipios responde a la necesidad de integrar la participación de la ciudadanía en en la toma de decisiones públicas y al mismo tiempo se buscó la interacción de las acciones del gobierno con la sociedad.
1995
Poder Ejecutivo y Poder Legislativo coinciden en eliminar la figura de Agencia Municipal para sustituirla por la figura político-administrativa de las Presidencias Municipales Auxiliares. Cuya elección prevista cada tres años, se llevara a cabo mediante el voto universal, libre, secreto, personal y directo o en forma popular directa, conforme a los usos y costumbres de la comunidad.  
Enciclopedia de Los Municipios y Delegaciones de México
Estado de Tlaxcala.